19 sept 2013
Racismo en el 3019
Dos desconocidas en el bus. Una es blanca y otra es verde.
—Hola, soy verde.
—Ya veo.
—Verde real y densa. ¡Toque! —coge la mano mano de la señora y la pone en su cara— No me tenga miedo.
—Sí sí, bastante densa —la aparta.
—¿Pero no tiene usted curiosidad, por el amor de Dios? —violentándose, apretando los dientes.
—¿Curiosidad por qué?
—Por lo de verde.
—Un poquito sí.
—Mejor.
Silencio largo.
—Tranquila.
—Hola otra vez. Lo estoy.
—Pues no lo estará tanto cuando se pasa el trayecto frunciendo el ceño.
—No lo frunco.
—¡Eso no significa nada! ¿Ve? Al ser yo verde y no blanca estoy más preparada que usted.
—
31 ago 2013
Doña Tuitar
— Disculpe, ¿le importa si interactúo con usted?
— ¿Qué?
— Muy poco tiempo. Un poquito solo. Un rato.
— Pero es que no entiendo. Y llevo algo de prisa.
— ¿Si le sigo, le molesta? ¿Eh? ¿Le molesta si le sigo? Seguirle.
— En serio, señora, no estoy para bromas y voy a llegar tarde.
— ¿Y si le menciono el pene? ¿Eh? —el señor se va— ¡Oiga! Su pene.
— ¿Qué?
— Muy poco tiempo. Un poquito solo. Un rato.
— Pero es que no entiendo. Y llevo algo de prisa.
— ¿Si le sigo, le molesta? ¿Eh? ¿Le molesta si le sigo? Seguirle.
— En serio, señora, no estoy para bromas y voy a llegar tarde.
— ¿Y si le menciono el pene? ¿Eh? —el señor se va— ¡Oiga! Su pene.
20 jul 2013
Casi restaurante
La mayoría de despropósitos
culinarios y físicos que habrían tenido lugar en las teóricas seis
horas y media de apertura nocturna del Orégano Fatal, aparte de no tener
explicación ni medio lógica (paredes blandas o translúcidas,
cocciones imposibles de cinco segundos, puerro shiny), nadie nunca
habría sido capaz siquiera de percatarse ya que esa noche no abrieron porque, además de ser día festivo, el restaurante no existe.
16 jun 2013
4 días son demasiados ya
Una joven vestida de novia, muy sucia, mucho barro en la cara y velo, muy joven, en la parada del autobús, sentada. Rimmel corrido bajo los ojos. Vienen dos ancianas idénticas y muy delgadas con la peluca rosa que se pone Scarlett Johansson en Lost in translation, agarradas del brazo. Un body de lycra con un estampado de jirafa. Las dos. Están dando la grima.
— Disculpe, ¿lleva usted mucho rato casada ya?
— Es que resulta que estamos aburridas y no nos vendría nada mal un poco de cachondeo, la verdad.
— Unas risas.
— Unas risas pero unas gambas también —le tira del velo muy brusca mientras baila—. ¿Y el convite dónde se celebra? —Le tira otra vez— Joven. Me oye.
— No sabría decirles cuánto tiempo llevo casada, señoras. Ni siquiera sabría decirles si ha tenido lugar todavía la ceremonia. Estoy tan confusa...
— Yo diría que lleva confusa más de un día y más de dos... —le toca la frente— Tiene usted pinta de estar necesitando ahora mismo una ducha prolongada con diversos y perfumados jabones.
— Patro, calle. Le sienta bien el vestido y ya está. La ducha que se la dé cuando a ella le venga bien.
— Pues me vendría bastante bien ahora— interés—. Llevo dando vueltas más de tres días buscando el ayuntamiento. Ojalá la vida me trate bien desde este momento. Desfortunio. Y hambre.
— ¿Pero el novio existe? O está usted loca y ya está.
— Patro, las formas —codazo—.
— Las formos.
— Yo no recuerdo nada, como les estoy diciendo. ¡Ojalá exista! Y ojalá sea muy paciente también. Porque tres días están bien para esperar. Bastante bien.
— Disculpe, ¿lleva usted mucho rato casada ya?
— Es que resulta que estamos aburridas y no nos vendría nada mal un poco de cachondeo, la verdad.
— Unas risas.
— Unas risas pero unas gambas también —le tira del velo muy brusca mientras baila—. ¿Y el convite dónde se celebra? —Le tira otra vez— Joven. Me oye.
— No sabría decirles cuánto tiempo llevo casada, señoras. Ni siquiera sabría decirles si ha tenido lugar todavía la ceremonia. Estoy tan confusa...
— Yo diría que lleva confusa más de un día y más de dos... —le toca la frente— Tiene usted pinta de estar necesitando ahora mismo una ducha prolongada con diversos y perfumados jabones.
— Patro, calle. Le sienta bien el vestido y ya está. La ducha que se la dé cuando a ella le venga bien.
— Pues me vendría bastante bien ahora— interés—. Llevo dando vueltas más de tres días buscando el ayuntamiento. Ojalá la vida me trate bien desde este momento. Desfortunio. Y hambre.
— ¿Pero el novio existe? O está usted loca y ya está.
— Patro, las formas —codazo—.
— Las formos.
— Yo no recuerdo nada, como les estoy diciendo. ¡Ojalá exista! Y ojalá sea muy paciente también. Porque tres días están bien para esperar. Bastante bien.
2 jun 2013
Bonito
Nadie en esa casa debía percatarse de que los sucesos que ellos consideraban que estaban fuera de lugar, como lo del fuerte ladrido que parecía provenir de la lavadora de 3:30 a 5:51 de la mañana de cada noche, habiéndola tocado nadie, no tenían nada que ver con temas esotéricos ni oscuros ni nada parecido. Como si hiciera falta comprobar noche tras noche que dentro de la lavadora no hubiera ningún perro, algo lógico en parte, (¿un perro?); a pesar de que el ladrido sonaba claramente desde algún punto de fuera y cerca del electrodoméstico, como por ejemplo el botón para accionar el lavado rápido, y no desde dentro del aparato. Esos ruidos que volvían bien loca a la familia y ya desquiciaban y hacían llorar a la bebé muy fuerte, incluso más que los propios ladridos, era imposible que los provocara un vecino cercano porque para empezar una persona no ladra y para terminar sonaban dentro de esa casa, como ya he dicho, con el reverb perteneciente a su cocina, entre esas cuatro paredes, por la noche. Esto hacía llorar incluso al padre.
La que no lloraba era el hijo mayor porque era un niño. Él había provocado, durante esas dos semanas de terror nocturno, que al despertarse un buen día y en el lugar donde debía estar la lavadora (que ya no hay) hubiera un perro esperándole, un precioso dálmata verde de dos metros con manchas rosas, con un collar y un nombre escrito, “Bonito”: justo el nombre, la raza y apariencia que el perro que él llevaba quince días deseando tener. La madre, del susto, tuvo una crisis nerviosa durante tres días seguidos.
La que no lloraba era el hijo mayor porque era un niño. Él había provocado, durante esas dos semanas de terror nocturno, que al despertarse un buen día y en el lugar donde debía estar la lavadora (que ya no hay) hubiera un perro esperándole, un precioso dálmata verde de dos metros con manchas rosas, con un collar y un nombre escrito, “Bonito”: justo el nombre, la raza y apariencia que el perro que él llevaba quince días deseando tener. La madre, del susto, tuvo una crisis nerviosa durante tres días seguidos.
25 may 2013
Sobre el matrimonio
En otro tiempo (pensaba él) y bajo una fuente de luz que no reconocería, encontraría, ya por fin, el motivo y motto que necesitaba y nunca había alcanzado ni siquiera a percibir que echara en falta. Esta carencia que nunca supo que tuvo y le atormentaba todas las noches (o al menos cada martes), quedaba patente en absolutamente todos sus recurrentes sueños sobre bodas que acababan con la tarta nupcial en llamas y donde todos los invitados, tras la ceremonia, corrían en direcciones que no tenían por qué ser la salida. Llamas verdes.
Pues bien, al acabar una madrugada de martes se sintió muy capaz, de repente, de crear paralelamente a su trabajo como taquígrafo, en las horas que él consideraba muertas pero realmente estaban agonizando y podían salvarse, obras completas basadas en sus sueños. Obras artísticas de cualquier formato e índole basadas en esa tarta ardiendo, cuyo lema se podía resumir, según sus apuntes, en la moderna tragedia que suponía para él que los conceptos de quererla y tenerla nunca se dieran a la vez en una misma mujer: el principio y fin del amor. Cuando la tenía ya no la quería y viceversa. Normalmente eran cuadros de témperas pastel de las figuras de cera que representan a la pareja, vestidos como para casarse, derretidas, sonriendo, con un tono verdoso. También canciones.
Los cuadros representaban la culminación de la vida amorosa, el último punto de la última etapa de una pareja como entidad, como concepto: la cima de una relación. "A más no se puede llegar". Representaban el fin del cortejo, de la fase del enamoramiento y, por consiguiente, la muerte inmediata e incinerada del verdadero sentido de “amarse”, o sea, todo lo anterior a ese punto. Pero también representaban, de alguna manera y de forma más abstracta (según él), el súbito y esperanzador nacimiento de entre todas esas cenizas del más básico sentido de vivir: no morir solo.
Pues bien, al acabar una madrugada de martes se sintió muy capaz, de repente, de crear paralelamente a su trabajo como taquígrafo, en las horas que él consideraba muertas pero realmente estaban agonizando y podían salvarse, obras completas basadas en sus sueños. Obras artísticas de cualquier formato e índole basadas en esa tarta ardiendo, cuyo lema se podía resumir, según sus apuntes, en la moderna tragedia que suponía para él que los conceptos de quererla y tenerla nunca se dieran a la vez en una misma mujer: el principio y fin del amor. Cuando la tenía ya no la quería y viceversa. Normalmente eran cuadros de témperas pastel de las figuras de cera que representan a la pareja, vestidos como para casarse, derretidas, sonriendo, con un tono verdoso. También canciones.
Los cuadros representaban la culminación de la vida amorosa, el último punto de la última etapa de una pareja como entidad, como concepto: la cima de una relación. "A más no se puede llegar". Representaban el fin del cortejo, de la fase del enamoramiento y, por consiguiente, la muerte inmediata e incinerada del verdadero sentido de “amarse”, o sea, todo lo anterior a ese punto. Pero también representaban, de alguna manera y de forma más abstracta (según él), el súbito y esperanzador nacimiento de entre todas esas cenizas del más básico sentido de vivir: no morir solo.
19 may 2013
Metadiálogo
— Las tres y cuarto. Y a ver si se compra ya un reloj, José María... ahorraría tiempo y saliva.
— Pero que yo no quiero saber la hora.
— Y entonces para qué me la pregunta.
— Preguntarle el qué.
— La hora.
— La hora se pide o se da, no se pregunta. Y yo no le he preguntado nada.
— Me ha preguntado que qué hora es y por eso yo se la he dado. No estoy loco.
— Pero ahí no aparece.
— ¿Que no aparece el qué? Me enerva.
— Que no aparece mi pregunta, le digo. Así que podría acusarle de inventor o mentiroso y tendría las de ganar. O llevarle a juicio y ganarlo también.
— ¿El juicio?
— Ganarle el juicio, sí.
— ¿Me está diciendo que la conversación la hemos empezado empezada?
— Si quiere verlo así...
— Pero que yo no quiero saber la hora.
— Y entonces para qué me la pregunta.
— Preguntarle el qué.
— La hora.
— La hora se pide o se da, no se pregunta. Y yo no le he preguntado nada.
— Me ha preguntado que qué hora es y por eso yo se la he dado. No estoy loco.
— Pero ahí no aparece.
— ¿Que no aparece el qué? Me enerva.
— Que no aparece mi pregunta, le digo. Así que podría acusarle de inventor o mentiroso y tendría las de ganar. O llevarle a juicio y ganarlo también.
— ¿El juicio?
— Ganarle el juicio, sí.
— ¿Me está diciendo que la conversación la hemos empezado empezada?
— Si quiere verlo así...
— ¿Y ahora por qué se subraya?
— Antojo.
— Es usted la peor persona que yo haya conocido jamás.
— Antojo.
— Es usted la peor persona que yo haya conocido jamás.
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