18 dic 2012

Llorar

Joven y bruja con linterna, en la noche y abrigadas, entrando en el parlamento abandonado.

— ¿De verdad es usted consciente del peligro que corremos entrando en Lugar Abandonado 1 a esta hora? Y sin permisos.
— Soy muy consciente. Más de lo que debería.
— Lo intuyo en su hablar. Rezuma cobardía por sus jóvenes poros: no engaña a nadie.

Las dos dentro, en la oscuridad.


— Dígame: ¿cree usted en los fantasmas, Joven 1?
— Creo más en los marcianos y en el paro. Pero le tengo a todo más o menos el mismo respeto.
— Que es ninguno, imagino, ¿cómo puede orinarse en este sitio lleno de almas en pena atrapadas? Huele desde aquí.
— Estoy orinada.
— No lo jure.
— Lo siento. Es que está muy oscuro y con esa linterna solo enfoca a las zonas que yo considero terroríficas.
— ¿Se refiere por ejemplo a esa mecedora del siglo XVI con esa casual Ana Botella en pena, desnuda, meciéndose sobre ella?
— ¡¡Aah!! —orín—. Apáguela.
— En la oscuridad habita la terror.
— ¡Pues enfoque al suelo!
— Es que el suelo es de cobardes.
— ¡¡Me voy por la puerta!!
— Mejor.

16 oct 2012

Zoológica

Señora disfrazada de Batman y otra vestida normal.

— María Jesús, ¿pretendía ser graciosa? Dígame.
— ¿Y Robin? –risas– No, no sé de qué me habla, vecina, lo siento.
— Baje el tono y el sarcasmo.
— Los tengo ya bajos, desde luego más que su arrogancia.
— Pues los baja más, no vaya a ser que me vuelva yo aquí loca y pague usted la consecuencia.
— Está ya loca de antes, vecina. Y dígame ya qué le pica, que llevo un poco de prisa.
— No se haga la pánfila —atenazándole el brazo y enseñándole un trozo de cartón atado a una cuerda—. Sé que en algún momento de la mañana ha cogido mi iPad y ha borrado todas las películas que había. A maldad. 
— Está usted muy sola, Josefina, sin hobbies ni nietos que la entretengan. Es muy normal que le de tiempo a inventarse esa cosa y mil más. Y si por usted fuera yo sería la responsable de la mayoría de sus males. Aparte, eso no es un iPad, es un cartón.
— Yo tengo lo que yo quiera. Y usted es Hitler –la deja ir–.
— Vale –yéndose–. ¡La cita con su psiquiatra es a las cuatro de esta tarde! Recuérdelo. Un saludo.
— ¡No invente tanto y tenga cuidado al salir! Antes me atacó una cebra.

19 sept 2012

Habilidades.

Señora enjoyada y apestando a laca Nelly baja por las escaleras de su piso. En el zaguán y frente a la puerta que da a la calle se encuentra, fregona en mano, a su peor enemiga. Se para.

– Claudia.
– Hola.
– Quiero pasar.
– Está mojado.
– Ya veo.

Relativo silencio. Suenan abalorios de plástico rozándose entre sí.

– Es que estoy limpiando, por si no lo ves.
– Lo veo, te digo. Sé ver.
– Eso es fascinante.

Silencio total. La que limpia crea una península de suelo seco por la que salir, y sale.

– Eres muy hábil con el mocho. Tanto incluso como con los chismorreos.
– Lo sé.
– Has estado practicando todos estos años. Se nota –intenciones–. Eres brava.
– Me vas a contar lo de Pepe –con la fregona amenaza con mojar el trozo de suelo seco–. Hace mucho que no sé de él y huele a cadáver desde aquí.
– En otro momento –pega un carrerón hacia la puerta pero la otra moja el suelo. Ambas quedan atrapadas–.
– Me lo vas a tener que contar, María Jesús. No tienes escapatoria.
– Voy a subir porque me he dejado de casualidad el gas abierto –empieza a subir casi corriendo–.
– ¡Algún día descubriremos qué has hecho con tu marido! ¿Me oyes? ¡Pronto!

13 sept 2012

Los tasis.

Señora de 85 años, a lo sumo, disfrazada de Elena Anaya en La piel que habito, entra violentamente en un taxi ya ocupado con un gato muerto en la mano.

– Disculpe, ¿se puede bajar? GRACIAS –la intrusa amenaza al señor que ya estaba montado en el taxi con un tacón afilado–.
– ¿Pero qué hace?
– Ahora estoy yo montada, ¿ve qué cosas? ¿Me puede dejar en mi casa? –tos– Llevo mucha prisa –más tos-.
– Dónde.
– En la calle 104.

1 sept 2012

Atraccién fatal.

- Dos segundos antes de habérsele imantado la cara y tres después de aquello, a tu amiga le entró como prisa y empezó a caminar un poco más rápido. Quizá es que realmente la situación lo requería: en ese período crítico cuarenta hombres, todos con iguales intenciones y similar apariencia, empezaron a rodearla como si fueran abejas y ella néctar, como si mosquitos y ella sangre o luz; como si Marte y ella Sol. Tu amiga, creo que sola y aparentemente sin necesitar mi ayuda, se deshizo de trece. Otros dos la amaron, cinco la acusaron de falsa diosa y se marcharon, uno le hizo una foto y dos la fecundaron. Otro la penetró sin éxito. El resto se desvaneció con los ácaros y el polvo y al poco ella murió, ¡es que parecía necesitarlo! Los bebés nunca crecieron, claro. Yo luego he venido a contártelo porque me parecía muy fuerte.
- Vaya jaleo.
- Pues sí.

Fiesta de disfraces.

- Deme cuando pueda todo el dinero de la caja, por favor.
- ¿Por qué me habla de usted si me está atracando?
- ¿Qué cositas, eh? ¡A prisa! A prisa, por favor, venga.
- ¡A prisa, a prisa...! ¿Se ha dado cuenta de dónde lleva la pistola? ¡Es usted graciosísimo! ¿Y esa braga ladeada?
- A ver cómo le explico. Voy a matarla con fuerza a usted y a ese perro de ahí como no me dé todo el dinero de la caja ahora mismo.
- ¡Qué prisas! Y qué dinero. Venga, intente coger el dinero de la caja y verá... ¡no hay nada!
- No me haga querer y tener que vaciar el cartucho en su sesera y dese prisa.
- No tiene pintas, ni por bueno y por feo, de hacer eso. ¡Ni de pensarlo! -risas- Y baje el arma ya, que está haciendo una poquita el ridículo.
- Me estoy poniendo nervioso y voy a tener que irme de aquí antes de hacer alguna locura -se quita la braga y baja la pistola-.
- La locura ya la cometió queriendo atracar esta panadería de barrio, señor mío.
- Cállese ya y me ponga esas tres barritas.
- ¿Crujientitas o blancas?
- Lo mismo me da.
- Pues se va a tener que esperar como un cuartito de hora porque esas tres que está viendo son de Rafi, que se pasará en poco a recogerlas.
- La gracia que le va a hacer a Rafi cuando venga tener que esperar "un cuartito de hora" -remeando, vuelve a sacar la pistola y apunta a la cabeza de la tendera-.
- ¿Qué quiere decir? Es que soy lenta.
- Que me las dé.

Viene Rafi por la puerta, muy arreglada, cantando algo que habría escuchado esa mañana. Ve el panorama pero cree darle igual porque hoy venía cantora.

- Holi.
- Hola, guapetona.
- Me espero.
- No, no. ¡Este señor está esperando a que termine de hacerse el pan! Y habré puesto el horno hará un "cuartito de hora" -le guiña el ojo al atracador-.
- Como ya te he dicho, Lourdes, me puedo esperar un ratito porque hoy vengo bastante cantora -canta más alto-.
- Yo en realidad ya me iba -bajando el arma-.
- ¿Qué es usted? ¿Viene de una fiesta? ¿Y esa pistola?
- Sí.