Trucaje para controlar manualmente todos los parámetros de la función de grabación de vídeo de la EOS 500D. Precaución al realizar estos pasos -que adelantamos, son sencillos, pero ojo-, ya que si te saltas uno de ellos podrías perder la garantía de compra de tu cámara. La patata que viene con el kit es de un solo uso... ¡así que no lo hagas a la ligera!
1. Arrójala contra un muro de cemento, de bastante densidad.
2. Recógela del suelo y, si sigue el objetivo unido al cuerpo de cámara, desenróscalo y escupe dentro. Vuélvelo a montar con mucho cuidado.
3. Conecta la cámara a la patata del kit vía USB. Espera a que cargue.
4. Cuenta hasta diez.
5. Cuenta hasta dos*. ¡Ahora tendrás actualizado el firmware de tu Canon EOS 500D!
6. Enciende tu cámara y coloca el dial de modos en grabación de vídeo. Podrás comprobar que hay un nuevo icono en la pantalla de esta modalidad, pero ignóralo porque es un sistema de Canon para detectar fallos de nuevos firmwares, no oficiales. El truco está en que si giras algo más el dial -por la parte donde ya no hay iconos-, aparte de escuchar un "click" peligroso, ¡podrás controlar absolutamente todos y cada uno de los parámetros de la función de vídeo!
Con esta función podrás controlarlo todo, como hemos dicho:
- Velocidad de obturación. Desde 1/4000 hasta dos años y tres meses.
- Apertura del diafragma. Antes se preseleccionaba automáticamente el más abierto. Ahora podrás disponer de más profundidad de campo en tus tomas al poder elegir el nºf que desees.
- Formato de grabación y tamaño del frame. Desde 4 x 4 píxels hasta 1.000.000 x 1.000.000. El aspecto, sin embargo, será siempre de 16/9. Es algo que tenemos que seguir trabajando.
- ISO. ¡Podrás elegir una sensibilidad inferior, muy inferior y bastante más inferior de la que tiene naturalmente tu sensor! Con el peligro que ello conlleva.
- El espacio.
- El sabor. Ácido, amargo, muy ácido, muy amargo y extremadamente dulce.
- Cortinillas al empezar y terminar una toma. La predeterminada es de corazones. La no predeterminada es de la cara de Lina Morgan a cuatro colores.
- Tiempo de grabación ampliado a dos semanas.
- La temperatura de color no es modificable. Siempre está seleccionada en modo "bonito".
- El enfoque. Tres o siete tipos de enfoque. Muy enfocado, poco enfocado, nada enfocado, casi enfocado, guay enfocado, no enfocada y Enfocadísima.
¡Que aproveche!
*Si en lugar de contar hasta dos cuentas hasta tres o uno, tu cámara podría salir ardiendo.
11 jul 2011
5 jul 2011
Grön.
En el tren. Dos desconocidas se sientan frente a frente, cada una esperando a bajarse en su parada. No hay nadie cuatro o seis asientos a la redonda, en las dos direcciones del vagón.
- Mi amiga Lou, que controla toda la pirotecnia de Alcalá, es rubia. Es una crack -las siguientes dos frases las dice susurrando y apretando los dientes-. Y su pelo no es teñido, como muchos dicen. La envidia les mata.
- ¿Y a mí qué me cuenta? No le he preguntado absolutamente nada.
- Es que merece la pena comentárselo, en serio. Y más que nada se debe que en lugar de echar dos cucharadas de café soluble a la leche hirviendo, me eché tres. Estoy hiper... Oiga, su cara me inspira confianza -mira el mechero de la desconocida con una profundidad de ojo poco normal-. Tiene usted un mechero verdaderamente fascinante, por lo que puedo deducir que es una amante del fuego. Igualito que mi amiga.
- No tiene gas.
- Vaya. Aun así, felicitaciones. Se trata de un diseño exquisito. El verde le va con su personalidad -saca del bolsillo dos cigarros verdes y espera una reacción sorpresiva de su compañera de asiento-.
- ¿Cómo lo sabe?
- El qué.
- Que el verde me sienta bien.
- Un simple detalle: su aura desprende tonos esmeraldas y no rubíes -se guarda los cigarros sin cambiar el gesto, ya que no ha conseguido nada-. Mi amiga Lourdes, por el contrario, ama y siente desde lo más profundo de su alma el color rojo en cualquiera de sus variaciones, y sin saber por qué. Qué cosas, ¿verdad?
- Yo me bajo aquí.
- Espere.
- Diga.
- Es usted bellísima, pero un poco estúpida también: faltan todavía dos paradas para Benacazón.
- ¡Cómo sabe que me bajo allí!
- Lo deduzco por su hablar. ¿Quiere un cigarro verde? -sacando nuevamente uno de los dos cigarros verdes.
- No fumo.
- ¿Y el mechero?
- El mechero qué.
- Que para qué lo tiene si no fuma. Y que sepa que es muy poco grato tratar con gente que no te devuelve la mirada -enfadada y pícara.
- Ah, es que me lo acaban de regalar...
- Adiós y encantada.
- Adiós.
- Mi amiga Lou, que controla toda la pirotecnia de Alcalá, es rubia. Es una crack -las siguientes dos frases las dice susurrando y apretando los dientes-. Y su pelo no es teñido, como muchos dicen. La envidia les mata.
- ¿Y a mí qué me cuenta? No le he preguntado absolutamente nada.
- Es que merece la pena comentárselo, en serio. Y más que nada se debe que en lugar de echar dos cucharadas de café soluble a la leche hirviendo, me eché tres. Estoy hiper... Oiga, su cara me inspira confianza -mira el mechero de la desconocida con una profundidad de ojo poco normal-. Tiene usted un mechero verdaderamente fascinante, por lo que puedo deducir que es una amante del fuego. Igualito que mi amiga.
- No tiene gas.
- Vaya. Aun así, felicitaciones. Se trata de un diseño exquisito. El verde le va con su personalidad -saca del bolsillo dos cigarros verdes y espera una reacción sorpresiva de su compañera de asiento-.
- ¿Cómo lo sabe?
- El qué.
- Que el verde me sienta bien.
- Un simple detalle: su aura desprende tonos esmeraldas y no rubíes -se guarda los cigarros sin cambiar el gesto, ya que no ha conseguido nada-. Mi amiga Lourdes, por el contrario, ama y siente desde lo más profundo de su alma el color rojo en cualquiera de sus variaciones, y sin saber por qué. Qué cosas, ¿verdad?
- Yo me bajo aquí.
- Espere.
- Diga.
- Es usted bellísima, pero un poco estúpida también: faltan todavía dos paradas para Benacazón.
- ¡Cómo sabe que me bajo allí!
- Lo deduzco por su hablar. ¿Quiere un cigarro verde? -sacando nuevamente uno de los dos cigarros verdes.
- No fumo.
- ¿Y el mechero?
- El mechero qué.
- Que para qué lo tiene si no fuma. Y que sepa que es muy poco grato tratar con gente que no te devuelve la mirada -enfadada y pícara.
- Ah, es que me lo acaban de regalar...
- Adiós y encantada.
- Adiós.
24 jun 2011
Los límites del vagón atravesables.
Niño con madre y travestido, en el metro.
- Dice mi madre que es usted un hombre.
- Dile que acierta. Que va ganando, vamos. Un puntito para ella.
- Dice mi madre que es usted un hombre.
- Dile que acierta. Que va ganando, vamos. Un puntito para ella.
- Mamá, dice que vas ganando.
- Niño, no mires. Te puedes quedar ciego o tuerto.
- Señora -se levanta para hablarle de cerca-. ¿Qué tal? Mi nombre es Luisa.
- Mi nombre no es Luisa -le ofrece la mano pero la otra se la quita-, pero encantada.
- Igualmente. ¿Tiene problemas? Porque puedo fabricarle uno ahora mismo.
- Variados problemas. Sin embargo mi niño y yo ya nos íbamos a sentar a otra parte, como por ejemplo allá -señala con el dedo sin querer una parte más allá de las paredes del vagón-.
- A prisa, que estoy cansada de gentuza.
- Gentuzas, gentuzas -ya yéndose-.
- Niño, no mires. Te puedes quedar ciego o tuerto.
- Señora -se levanta para hablarle de cerca-. ¿Qué tal? Mi nombre es Luisa.
- Mi nombre no es Luisa -le ofrece la mano pero la otra se la quita-, pero encantada.
- Igualmente. ¿Tiene problemas? Porque puedo fabricarle uno ahora mismo.
- Variados problemas. Sin embargo mi niño y yo ya nos íbamos a sentar a otra parte, como por ejemplo allá -señala con el dedo sin querer una parte más allá de las paredes del vagón-.
- A prisa, que estoy cansada de gentuza.
- Gentuzas, gentuzas -ya yéndose-.
3 jun 2011
Appla.
Un señor mayor de barbas, muchas barbas y negras -de pie-, vistiendo dos gabardinas y con un saco enorme en el suelo, agarrándolo con su vida. En la cabeza lleva cuatro gorros de mejicano enormes, superpuestos. Mucho color. Una señorita pasa.
- Usted ha ganado un IPAD: en horas buenas.
- ¿Perdone? ¿Y a qué he jugado para ganarlo? Si se puede saber.
- A suertes: la suerte de estar aquí y no allí, ¿le parece poco?
- ¡¡Ave, suelte!! Intimidación. No le entiendo, además.
- Es bien sencillo. Yo soy una persona bellísima de alma, caridad diez, y ha pasado usted por la calle en el momento preciso. Me dio un ataque de generosidad y ya ve, me encuentro aquí, solitario, con un saco de IPADs y las ganas enormes de repartirlos a tocateja y aleatoriamente, si es posible. Es usted muy guapa, además.
- ¡Váyases!
- Si se está dando cuenta yo no la estoy reteniendo, y en ningún momento lo pensaba hacer... -empieza a susurrar, para él- Pero qué guapa es, Dios mío -le roza la cara con la mano y la pierna con el pene-.
- Me está intimidando una barbaridad pero Apple ocupa en mi vida un lugar importantísimo. Menos lugar estaría bien también.
- En su vida Apple es fuerte, ¿verdad? ¿Cuántos quiere?
- Me siento sucia pero póngame diez o dos.
- ¿A qué nombre? -saca una servilleta y un lápiz roidísimo.
- Al mío.
25 abr 2011
Contratos.
- Me imagino que te gusta el azúcar, ¿no, niña?
- No sabe cuánto.
- Pues a mí me haría más gracia con más leche y café, ¡basura, basura es esto que me traes! -le tira el café hirviendo a la cara- ¡Ah!
- No sabe cuánto.
- Pues a mí me haría más gracia con más leche y café, ¡basura, basura es esto que me traes! -le tira el café hirviendo a la cara- ¡Ah!
- ¡Ah!
- De aquí no me muevo hasta no haberme comido varios pasteles, ¡¡venga!! Desparpajo. Cafés, también. Muchos.
- Señora, me va a disculpar pero voy a dimitir -nerviosísima, llorando, hirviendo-.
- No puedes, de donde tú vienes no creo que existan los pomos, ¡y estamos encerradas a cal y canto en este cuarto!
- Soy de Umbrete, si me disculpa de nuevo, y mi responsabilidad en esta casa habrá terminado hoy en cuanto encuentre mi contrato y lo rompa delante de su cara.
- No tienes contrato con nosotros, ¿quién te habla de esas cosas? Te habrás confundido de casa, pluriempleada; y te lo digo con todo mi respeto, que es más del que puedes llegar a ver con tus ojitos de chinita -le tira cinco monedas de un euro con desprecio, hacia sus pies-. ¡¡Baila!! ¡Baila, para mí!
- Señora, yo solo laboro aquí, ¡y no soy china!
- De aquí no me muevo hasta no haberme comido varios pasteles, ¡¡venga!! Desparpajo. Cafés, también. Muchos.
- Señora, me va a disculpar pero voy a dimitir -nerviosísima, llorando, hirviendo-.
- No puedes, de donde tú vienes no creo que existan los pomos, ¡y estamos encerradas a cal y canto en este cuarto!
- Soy de Umbrete, si me disculpa de nuevo, y mi responsabilidad en esta casa habrá terminado hoy en cuanto encuentre mi contrato y lo rompa delante de su cara.
- No tienes contrato con nosotros, ¿quién te habla de esas cosas? Te habrás confundido de casa, pluriempleada; y te lo digo con todo mi respeto, que es más del que puedes llegar a ver con tus ojitos de chinita -le tira cinco monedas de un euro con desprecio, hacia sus pies-. ¡¡Baila!! ¡Baila, para mí!
- Señora, yo solo laboro aquí, ¡y no soy china!
19 abr 2011
A lo bien
- Hola.
- Hola, cómo está.
- Como me ves.
- Yo la veo estupenda.
- Pues así estoy.
- ¿Y los niños?
- Ahí andan. ¿Tienes veinte euros?
- No vaya a abusar usted de mí, Mercedes.
- ¿Tienes diez?
- Hola, cómo está.
- Como me ves.
- Yo la veo estupenda.
- Pues así estoy.
- ¿Y los niños?
- Ahí andan. ¿Tienes veinte euros?
- No vaya a abusar usted de mí, Mercedes.
- ¿Tienes diez?
9 abr 2011
Policía
Toda la conversación atenazándole el brazo y con los ojos como platos.
- Amiga, fui ayer a un mago del futuro de esos y me ha dejado trastornada: me predijo cosas rarísimas, cosas que jamás imaginaríes.
- Por eso mismo me lo vas a contar, ¿verdad?
- Si quieres y puedes, solo. Además, se supone que te tienes que interesar por mis cosas.
- Es que va a resultar que llevo mucha prisa, pero vamos, estoy deseosísima de escucharte -mira hacia una dirección improvisada sobre la marcha, inventándose la prisa-. ¿Puedes soltarme el brazo, por favor?
- Por supuesto -le suelta el brazo y le agarra el otro con más fuerza aún-.
- Me haces daño.
- La amistad es algo precioso que hay que cuidar, ¡¡¡con paciencia y amor!!!
- Policía.
- Amiga, fui ayer a un mago del futuro de esos y me ha dejado trastornada: me predijo cosas rarísimas, cosas que jamás imaginaríes.
- Por eso mismo me lo vas a contar, ¿verdad?
- Si quieres y puedes, solo. Además, se supone que te tienes que interesar por mis cosas.
- Es que va a resultar que llevo mucha prisa, pero vamos, estoy deseosísima de escucharte -mira hacia una dirección improvisada sobre la marcha, inventándose la prisa-. ¿Puedes soltarme el brazo, por favor?
- Por supuesto -le suelta el brazo y le agarra el otro con más fuerza aún-.
- Me haces daño.
- La amistad es algo precioso que hay que cuidar, ¡¡¡con paciencia y amor!!!
- Policía.
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