20 abr 2020

Plenilunio Fatal

Es 14 de Septiembre de 1904. Carl Pettersson, marinero de profesión, rompió en contra de su voluntad una peculiar rama del Horizonte de Sucesos. Él ni lo sabe ni lo sabrá.
   En su libreta de mar pudimos a duras penas ver escritas estas líneas, en un trozo arrancado de papel entre las páginas 37 y 38. En la libreta explicaba que, efectivamente, la Luna llena se situaba en el punto más cercano a la Tierra esa misma noche:




   Es 20 de Febrero de 2020 y da la casualidad que esta noche tendrá lugar la SuperLuna. El campo gravitatorio inducido por este particular fenómeno se veía desmesuradamente afectado en uno de los puntos de la costa de Barbate, Cádiz, entre siete rocas. Durante ese par de horas que duraba la SuperLuna, y en este específico lugar*, tú podías ver lo que veía el marinero del que hablamos y viceversa. Una formidable, quimérica y un poco presuntuosa conexión espacio-temporal que unía Cádiz y Gotemburgo con un siglo y pico de diferencia.
   El marinero deliraba desde la ventana de su minúsculo camarote, estando en alta mar, un exacto fragmento de playa gaditana en lo que durase el fenómeno, una y otra vez, el mismo día: el veinte de Febrero del Dos Mil Veinte.  La única forma de acceder a este túnel será esta misma tarde desde las 20:20 y será ignorada por Absolutamente Todo El Mundo.
* Estás en la playa de la que estamos hablando, cerca del cúmulo de rocas. Tú tienes tu teléfono en la mano porque vives en este siglo y querrás seguramente hacerle una foto a lo que estás por ver. Tienes que situarte entre la roca que estoy señalando y el hueco entre las otras que hay a tu izquierda, sí, allí, mirando hacia el noroeste con una pequeña inclinación de 7,2 grados más al Oeste. En la mano en la que no tienes el teléfono tienes un catalejo, ojalá... Lo abres, miras por él e intenta no escandalizarte. Si quieres, haz una una foto a través del catalejillo pa’ enseñársela a los colegas.

13 may 2018

Aurora II

   La relación que unía a Aurora con el océano Atlántico era mucho más compleja y oscura de lo que podamos llegar a imaginar.

   Desde el segundo después de su fortuito y violento nacimiento hasta ayer, Aurora pasó sus días pintando al óleo vastos paisajes áridos llenos de amarillos 116U y 1205C que la transportaron a ningún sitio ya que ella no sabe pintar. Le dijo adiós a esta forma de expresión después de tres semanas y media intentándolo con muy poca constancia, siendo sinceros. Todo tirado a la basura ya que la paciencia tampoco era su fuerte.

   Un innato y fuerte sentimiento la lleva a querer evocar de forma casi constante situaciones que sean muy contrarias a su procedencia. Todo para olvidar.

   Para mejorar sus habilidades humanas probó la nutrición, socializar y el sexo. En todas tuvo mucho éxito, así consideró, pero ninguna la llenaba completamente. ¿Cuál era el motivo? ¿Por qué ella no podía ser simplemente feliz? El hecho de que por A o por B los tres hombres con los que mantuvo relaciones sexuales murieran ahogados dos semanas exactas después de que el coito tuviese lugar tampoco ayudaba a la causa, la verdad.


Hombre 1: sintió la impetuosa necesidad, durante la madrugada, de beber doce litros y medio de agua sin motivo aparente. Al que hizo siete empezó a beber por la tráquea y por ahí no se bebe.


Hombre 2: metió la cabeza en la pecera de un restaurante chino y respiró un par de veces ahí dentro.


Hombre 3: simplemente se arrojó al mar a las 4:34 de la mañana.


   En una de otras tantas huidas artísticas dentro de ese vórtice de crisis existencial, Aurora encontró la música. Fue lo único que pudo salvarla y hacerla olvidar completamente de dónde viene. Pasó por la clásica, tristemente no la convenció. Muchos otros géneros también pasaron desapercibidos para ella. Se quedó, después de semanas probando -o hasta que la cuenta de prueba de Spotify premium acabase-, en la que le produjo mayor satisfacción: heavy metal.


Más ruido, menos silencio. Silencio: su casa. Ruido: lo contrario.


9 dic 2017

Buen y opaco árbol


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Agresividad: 82% decreciendo, aunque muy alta.
Compasión: 3% ¿por qué iba a tenerla
Botas de lluvia: no
Hambre: el resto del porcentaje hasta llegar a 100.

   Combinada de esta manera y rodeada de varios tonos de verdes oscuros y marrones, por lo de que estaba en un bosque, caminaba a la velocidad y destino que ella quisiera. Variando incluso ambos parámetros aunque siempre con respeto. Hoy ella era su propio ella. Siempre caminando y siempre mojada.

   Debía estar en su puesto de trabajo en el momento en el que este relato tiene lugar, en cambio estaba como dije antes, y yo no repito, en el conjunto de árboles 2 separada lo máximo posible de cualquier contacto humano. Ella hoy allí, y no aquí. Sus compañeros de trabajo se preguntaban muchas cosas. Se permitía tocar la naturaleza con sus manos intentando no modificarla demasiado. Siempre caminando y todavía mojada.

   Tan fuerte era su deseo de no ver a ninguna persona en ese instante que, aun eso no sucediendo ya que otro carácter humano femenino caminaba hacia su dirección y exactamente a su misma velocidad (¿coincidencia?), un árbol con una buena densidad y materia justo en medio de las dos impedía en todo momento que sus miradas se cruzasen e incluso que llegasen a percibirse. El espacio en el que compartían terreno de bosque quizá fuesen seis metros y medio, recorridos en, quizá también, 23 segundos. Ambas, después de ese tiempo, pararon y miraron hacia atrás por dos motivos completamente diferentes: una había escuchado un ruido y la otra había escuchado un rumor. Incluso en ese momento y ya separadas entre sí ahora otra vez seis metros y medio, Nuestra Protagonista pudo siquiera percatarse de que otra persona con funciones motoras idénticas había compartido bosque en ese momento con ella.
Agresividad: 83%

25 mar 2017

Rosa Verde

Capítulo uno.

   Rosa Verde es una señora de sesenta y pocos años, pelo largo o pelo corto, da igual; estatura normal. De profesión es escritora, o al menos así se consideraba ella misma hasta que su hijo mayor, cineasta, capricornio y homosexual, adaptó a la gran pantalla hace dos años su novela hasta ahora más antigua, banal o comercial: Hacia acuario. Rosa desde entonces duerme regular tirando a mal y no precisamente porque no le haya gustado la adaptación. De todas formas tampoco era su mejor libro...

   Desde el momento en el que esta pobre mujer se planteó escribir la segunda parte de Hacia acuario hasta que realmente empezó a esbozar las primeras líneas pasaron algo más de tres minutos, de un nueve de febrero del año que a ti más te guste, por la mañana tempranísimo, incluso podría considerarse madrugada. Casualmente dos noches atrás la adaptación de Hacia acuario se había llevado dos premios Goya: mejor guion y mejor edición. Rosa no se sentía ni presionada ni lúcida, simplemente quería escribir e iba a hacerlo. 

   El personaje principal de esta novela debería llamarse Mónica, su apariencia debería ser humana y su sexo, femenino.

21 mar 2017

Ménica

Capítulo Cero.
   Llevaba tiempo intentando existir, sin éxito. Tiempo en el que contemporáneamente a sus también constantes fracasos en el ámbito de la natación completaba, irónicamente e ignorándolo, la decimo tercera cosa que empezaba y no acababa en esa semana, como siempre. Y el trece es el peor número. Pero claro, existir requiere un poco más de práctica... más que la natación, me refiero.

El personaje en cuestión debería llamarsé Mónica, su apariencia debería ser humana y su sexo, femenino. Pero nada de eso estaba teniendo lugar en el vasto o infinito mundo de la imaginación de su Creadora. Lo que sí estaba ocurriendo sin embargo era Ménica, una muguer de doscientos trece años, en una playa imposible de agua templada, tranquila y verde. Todo está muy nublado y de colores apagados. Por lo que sea Ménica vestía algo parecido a un body de lycra con estampado de jirafa (a La Creadora le gustaban las jirafas, intuímos). Le quedaba bien, por supuesto, pero no representa lo que debía representar. Ménica no puede escapar de allí por mucho que quiera. 

Los dos años que lleva en la playa verde le habían servido para:

1. Plantearse su vida desde una óptica un poco más ridícula y sin expectativas. Sin presiones de ningún tipo.
2. No comer. Lleva exactamente dos años sin comer y no le ha extrañado lo más mínimo por qué puede seguir poniéndose de pie.
3. Cazar de puta madre.


30 dic 2015

Virgo Supercluster


Una conversación telefónica entre una chica y un chico.

– Por favor, no haga otra vez eso con su teléfono. Necesito comunicarme con usted urgentemente.
– Si te he colgado es porque no puedo hablar ahora, Yolanda. Ve al grano por favor.
– Yo le amo pero lo que está haciendo conmigo es horrible. Lo que está haciendo conmigo es peor que asesinar una persona o varias.
– Lo siento si te he ofendido antes o algo, pero tú también puedes acabar ya con estas bromas sin gracia. Y no puedes amarme, nos conocimos anoche.
– Bueno, para mí no son bromas, ¿de acuerdo? Ni para mi gente. Y estoy... estoy embarazada, ¿sabe? Noto cómo está creciendo algo en mi vientre.
– Déjalo ya, en serio. Voy a colgar.
– Señor, quiero que sepa que dispongo de un útero y anoche tuvo acceso a él. Lo rellenó con su secreción y hemos creado vida. Usted y yo. No se sorprenda.
– No puedo hablar contigo si sigues con estas mierdas. Me arrepiento profundamente de haberme acostado contigo. Mira, nos lo pasamos muy bien anoche, porque es verdad; pero no voy a volver a verte nunca más. ¿Tú eso lo entiendes?
– Vale, no estoy embarazada, pero podría haberlo estado. Y lo que está haciendo con sus palabras ahora mismo es peor que si me hubiera arrancado el feto de mi vientre con sus manos desnudas, lo hubiera comido crudo, digerido y luego defecado en una cuna metafórica. Es usted un monstruo. Y si vuelve a mencionar con tono sarcástico o incluso jocoso mis orígenes voy a tener que romperle su pene, así no podrá usarlo nunca más con tales fines, los cuales no son crear vida.

Antes de acabar esta intervención, el chico exclama “estás como una puta cabra. Adiós”, y cuelga. Pero ella sigue hablando:

– Me vuelvo a mi planeta. No puedo seguir en esta tonta galaxia sin corazón limitada por el tiempo y el espacio. Debo aprovechar la posición de vuestro también tonto satélite para volver a casa. Mi preciosa madre sin edad me ayudará en este viaje. Mis estudios aquí han terminado con su existencia, señor. Y cuando se dé cuenta de lo que ha perdido, mirará a su oscuro cielo sin estrellas, preguntándose dónde estoy, por qué no me creyó, habiendo deseado que le hubiese llevado conmigo; ¡y llorará! Llorará abrazando su sombra y falsa espiritualidad. Le amé anoche y le amo ahora, pero usted es más estúpido que el tiempo lineal. Aunque presumo que no es su culpa... las relaciones en este planeta están destinadas al fracaso. La Tierra en sí está destinada al fracaso. La vida es cualquier cosa excepto lo que he visto aquí. Le deseo buena suerte con todo, mi amor. Buena suerte con su inminente extinción.

12 nov 2015

La niña y la bosca

   El bosque la estaba perjudicando de alguna u otra forma que ella desconocía, pero desde hace un par de meses no para de pensar en él. No puede haber nada malo con la vegetación, pensaba. La fauna visible parecía también mansa para con los humanos, o al menos para con Laura. La fauna invisible ella no la veía, así que eso no la agitaba. Hasta hoy.
   Tragó medio litro de saliva falsa de gato que tenía oculta en su cómoda por algo relacionado con la vergüenza, cogió un trozo de cartón atado a una cuerda con un agujero del tamaño de un ojo y se adentró sola o acompañada en el oscuro bosque. Con el cartón acercado a su cara se acercó con sigilo a las partes que ella consideraba oportunas o aterradoras, para confirmar la existencia de alguno de esos animales invisibles que creían estaban molestándola malamente. Se tropezó con una rama rota porque no veía donde pisaba. En ese momento tras el agujero de su cartón resolutivo vio algo que parecía estar vivo o que parecía al menos moverse por alguna fuerza interna no mecánica. Tenía solo brazos, describía Laura en su diario. Unos doce. Doce brazos apelotonados uno encima de otros, con trozos de carne simulando manos. Eso a ella le daba miedo, así que se quitó el cartón, retrocedió y tropezó otra vez, cayendo. El cartón se dobló, así que ella imaginó que perdió su funcionamiento. No intentó volver a ponérselo en la cara, no le convenía. Se levantó lo más rápido que ella quiso, corrió a su casa y nunca más volvió al bosque. Al menos hasta mañana.

24 ago 2015

La colina de los cinco

   Llegada tal hora, además de que el sol empezaba a salir, casi toda la gente reunida para el evento gritaba y lloraba del horror o la melancolía. Otros se tiraban al suelo y reían a carcajadas incrédulos o locos. Había solo siete prismáticos que compartían como podían, sin respetar turnos ni espacios.

   Desde hace un par de semanas se sabía esta cosa, descubierta por un señor considerado loco o bruja por el 97% del pueblo. ¡Ese señor morirá mañana! Cinco personas a priori aleatorias aparecían caminando a una velocidad de 2km/h desde el punto A hasta el punto B, de 5:14 a 5:32 AM, coincidiendo con un árbol grande, tras el cual desaparecían sin dejar ningún tipo de rastro. Bajaban la colina en fila india, de la mano a lo mejor, o de las caderas: de las almas. Ese día y el día de ayer, y el de antes de ayer. Solo se veían desde tal angulación, desde tal distancia. Si te acercabas ya no les veías más, se desvanecían ante tus ojos como si fueran de arena o conjuntivitis. Si te alejabas tampoco les veías más. Si te desplazabas a los lados, adivina. Solo les veías desde ahí. Siete personas en estos catorce días intentaron correr colina abajo para reunirse con este grupo de cinco. La experiencia venía acompañada siempre de un dolor de cabeza fortísimo y un pitido inexplicable en el oído.

   Las cinco personas eran o no dependiendo de quienes las observaba. Eran cinco familiares muertos durante tu existencia, sonriendo, bajando la colina. Nadie estaba soñando, creemos: cinco personas de tu familia que habían fallecido, más o menos sobre la edad en la que murieron o cuando mejor los reconocías, sonriendo y agarrándose de la cadera del de delante, tuvieran relación entre ellas o no. Se sabía también que si quien observa es alguien que no conoce a cinco parientes muertos, pues el número se reducía. Veían a lo mejor a tres personas y ya está, no cinco. Si quien observaba era un niño y resulta que no ha experimentado la muerte, pues no veía a nadie.

   Mañana ya es hoy, y el señor ha muerto porque tenía que morir porque lo pone ahí arriba. Justo desde ese día ya nunca más ocurrió tal evento. Una anciana morirá pasado mañana de la pena por no poder volver a ver a su marido y a sus hermanas.

18 abr 2015

Magnetismo regular

Contra todo pronóstico la joven negativa, llena de magulladuras o heridas abiertísimas (dos), de las cuales ya se estaba recuperando sin casi percatarse, consiguió encerrarse en la sala de invitados falsa que realmente resultaba ser un hueco en la planta del edificio separado por muros (reales y densos, esos sí), materializados justo para ella ahora, junto con una puerta blindada con cerradura que abría una llave afilada enorme que, bueno, tenía ya en la mano desde que empezó el relato, por lo que sea. Los jóvenes positivos (se adivinaban más de cincuenta pero menos de cincuenta y dos), desde el segundo en el que se cerró la puerta, intentaban en vano fundirse con el aire para entrar por cualquier rendija o atravesar la puerta blindada a cabezazos o otras-partes-del-cuerpo-azos. Dieciocho de ellos se encontraban pegados a la pared colindante como con una suerte de pegamento extra fuerte. Tres de ellos expulsaban semen desde sus penes erectos casi a la par. Los tres penes apuntaban de una forma certera y perfecta a la matriz de la joven negativa, aun habiendo un muro de por medio.


La joven positiva al no poder soportar la presión abandonó nuestro estado de consciencia autoinduciéndose al sueño fatal (o también puede que se intentara clavar la llave, muy afilada y muy llave, en los ojos, vientre y pecho hasta acabar desangrándose).

15 nov 2014

Estrategias de ventas

— ¡Hoy hace un viento absurdo, ¿no cree?! —rocía con un spray específico la cara de otra señora—.
— Quién eres y por qué.
—Tome mi tarjeta —alarga la tarjeta pero no la mano—. Mi nombre es Arcadia Tenaz y vendo enciclopedias o lo que usted quiera que yo venda.
— Pues no la voy a engañar, por lo que sea quiero todo lo que usted quiera venderme ahora mismo —en lugar de pupilas tiene como unas espirales que giran muy mal, hechas como con PAINTS—.
— Para venderle objetos necesito un adelanto, aquí y ahora, de mil euros. O la cifra que usted considere oportuna. En fin, todo lo que usted lleve encima mejor.
— ¡Es usted una pródiga, si significase algo! —le da cinco billetes de siete mil euros—. No tengo más aquí suelto, me desplace. Ahora demando mis ítems.
— Soy la diosa de las ventas. Mi nombre es Arcadia Fatal. Tome —le da otra vez su tarjeta y unas canicas—.
— Necesitaba esto, no necesitaba Otra Cosa. Un beso y un saludo.

4 may 2014

Estival

Una señora que se ve que no está bien de la cabeza, vestida solo con un pareo y unas gafas de sol enormes, sentada enfrente de otra en el metro.

– ¡¡Soy estival!! –zarandeo
– No la he preguntado yo nada.
– Peor. Pregúntemelo.
– ¿Qué es usted?
– Capricornio. ¡Y estiva! Y un poco pirómana también. Secretito.
– No lo habría imaginado –mirando las cerillas o la gasolina.
– Me gustan los fuegos más que Otra Cosa, en realidad. Si tuviera que elegir estival o pirómana, elegiría PIRÓMANA.
– Ya veo.
– Soy piromanísima.

13 dic 2013

Cristal poco atravesable

Un señor de a lo mejor setenta años, vestido como un señor de setenta años pero con la cara manchada de azul turquese, frente a un escaparate de una tienda de juguetes. Centra toda su atención en un precioso tren en marcha con sus raíles, sus bosques y sus ríos falsos y sus cosas. Melancólico, mordiéndose el labio. Cada tanto alarga la mano para tocar el tren pero se choca fuertemente contra el cristal.

—La obviedad es tan dura. Literalmente.

Viene una señora de cuarenta máximo.

—Sangra.
—Si me ve entusiasmado es porque lo estoy. Fuérase.
—Toda esa sangre del suelo es suya —señala la sangre—. Si no quiere que llame a emergencias o a otro sitio, le recomiendo que pare inmediatamente.
—Pero ese tren tiene que ser mío.
—¡Puede serlo! Pero debe obtenerlo por las vías lógicas.
—Señorita... ¡yo soy cuantístico! —apretando los dientes y el alma— No me sirve la lógica.
—Demuestra tozudez.
—Estoy sintiéndome mareado.
—Normal.

2 nov 2013

No.

Si te llamases Mónica y tuvieras 28 años y pasearas por Ninguna Plaza de la Ciudad Dos, de 14:33 a 14:33, con una jirafa de peluche en la mano llena de acuarela verde reseca, (y trabajases siendo maestra de infantil de guardería lejana) apellidándote Sandino, por casualidad, no podrías ser la protagonista de este relato porque la susodicha en cuestión ni siquiera se llama Mónica. Lo siento.

19 sept 2013

Racismo en el 3019


Dos desconocidas en el bus. Una es blanca y otra es verde.

—Hola, soy verde.
—Ya veo.
—Verde real y densa. ¡Toque! —coge la mano mano de la señora y la pone en su cara
— No me tenga miedo.
—Sí sí, bastante densa —la aparta.
—¿Pero no tiene usted curiosidad, por el amor de Dios? —violentándose, apretando los dientes.
—¿Curiosidad por qué?
—Por lo de verde.
—Un poquito sí.
—Mejor.

Silencio largo.

—Tranquila.
—Hola otra vez. Lo estoy.
—Pues no lo estará tanto cuando se pasa el trayecto frunciendo el ceño.
—No lo frunco.
—¡Eso no significa nada! ¿Ve? Al ser yo verde y no blanca estoy más preparada que usted.
—

31 ago 2013

Doña Tuitar

— Disculpe, ¿le importa si interactúo con usted?
— ¿Qué?
— Muy poco tiempo. Un poquito solo. Un rato.
— Pero es que no entiendo. Y llevo algo de prisa.
— ¿Si le sigo, le molesta? ¿Eh? ¿Le molesta si le sigo? Seguirle.
— En serio, señora, no estoy para bromas y voy a llegar tarde.
— ¿Y si le menciono el pene? ¿Eh? —el señor se va— ¡Oiga! Su pene.

20 jul 2013

Casi restaurante


   La mayoría de despropósitos culinarios y físicos que habrían tenido lugar en las teóricas seis horas y media de apertura nocturna del Orégano Fatal, aparte de no tener explicación ni medio lógica (paredes blandas o translúcidas, cocciones imposibles de cinco segundos, puerro shiny), nadie nunca habría sido capaz siquiera de percatarse ya que esa noche no abrieron porque, además de ser día festivo, el restaurante no existe.

16 jun 2013

4 días son demasiados ya

   Una joven vestida de novia, muy sucia, mucho barro en la cara y velo, muy joven, en la parada del autobús, sentada. Rimmel corrido bajo los ojos. Vienen dos ancianas idénticas y muy delgadas con la peluca rosa que se pone Scarlett Johansson en Lost in translation, agarradas del brazo. Un body de lycra con un estampado de jirafa. Las dos. Están dando la grima.

— Disculpe, ¿lleva usted mucho rato casada ya?

— Es que resulta que estamos aburridas y no nos vendría nada mal un poco de cachondeo, la verdad.
— Unas risas.
— Unas risas pero unas gambas también —le tira del velo muy brusca mientras baila—. ¿Y el convite dónde se celebra? —Le tira otra vez— Joven. Me oye.
— No sabría decirles cuánto tiempo llevo casada, señoras. Ni siquiera sabría decirles si ha tenido lugar todavía la ceremonia. Estoy tan confusa...
— Yo diría que lleva confusa más de un día y más de dos... —le toca la frente— Tiene usted pinta de estar necesitando ahora mismo una ducha prolongada con diversos y perfumados jabones.
— Patro, calle. Le sienta bien el vestido y ya está. La ducha que se la dé cuando a ella le venga bien.
— Pues me vendría bastante bien ahora— interés—. Llevo dando vueltas más de tres días buscando el ayuntamiento. Ojalá la vida me trate bien desde este momento. Desfortunio. Y hambre.
— ¿Pero el novio existe? O está usted loca y ya está.
— Patro, las formas —codazo—.
— Las formos.
— Yo no recuerdo nada, como les estoy diciendo. ¡Ojalá exista! Y ojalá sea muy paciente también. Porque tres días están bien para esperar. Bastante bien.

2 jun 2013

Bonito

   Nadie en esa casa debía percatarse de que los sucesos que ellos consideraban que estaban fuera de lugar, como lo del fuerte ladrido que parecía provenir de la lavadora de 3:30 a 5:51 de la mañana de cada noche, habiéndola tocado nadie, no tenían nada que ver con temas esotéricos ni oscuros ni nada parecido. Como si hiciera falta comprobar noche tras noche que dentro de la lavadora no hubiera ningún perro, algo lógico en parte, (¿un perro?); a pesar de que el ladrido sonaba claramente desde algún punto de fuera y cerca del electrodoméstico, como por ejemplo el botón para accionar el lavado rápido, y no desde dentro del aparato. Esos ruidos que volvían bien loca a la familia y ya desquiciaban y hacían llorar a la bebé muy fuerte, incluso más que los propios ladridos, era imposible que los provocara un vecino cercano porque para empezar una persona no ladra y para terminar sonaban dentro de esa casa, como ya he dicho, con el reverb perteneciente a su cocina, entre esas cuatro paredes, por la noche. Esto hacía llorar incluso al padre.
   La que no lloraba era el hijo mayor porque era un niño. Él había provocado, durante esas dos semanas de terror nocturno, que al despertarse un buen día y en el lugar donde debía estar la lavadora (que ya no hay) hubiera un perro esperándole, un precioso dálmata verde de dos metros con manchas rosas, con un collar y un nombre escrito, “Bonito”: justo el nombre, la raza y apariencia que el perro que él llevaba quince días deseando tener. La madre, del susto, tuvo una crisis nerviosa durante tres días seguidos.

25 may 2013

Sobre el matrimonio

   En otro tiempo (pensaba él) y bajo una fuente de luz que no reconocería, encontraría, ya por fin, el motivo y motto que necesitaba y nunca había alcanzado ni siquiera a percibir que echara en falta. Esta carencia que nunca supo que tuvo y le atormentaba todas las noches (o al menos cada martes), quedaba patente en absolutamente todos sus recurrentes sueños sobre bodas que acababan con la tarta nupcial en llamas y donde todos los invitados, tras la ceremonia, corrían en direcciones que no tenían por qué ser la salida. Llamas verdes.

   Pues bien, al acabar una madrugada de martes se sintió muy capaz, de repente, de crear paralelamente a su trabajo como taquígrafo, en las horas que él consideraba muertas pero realmente estaban agonizando y podían salvarse, obras completas basadas en sus sueños. Obras artísticas de cualquier formato e índole basadas en esa tarta ardiendo, cuyo lema se podía resumir, según sus apuntes, en la moderna tragedia que suponía para él que los conceptos de quererla y tenerla nunca se dieran a la vez en una misma mujer: el principio y fin del amor. Cuando la tenía ya no la quería y viceversa. Normalmente eran cuadros de témperas pastel de las figuras de cera que representan a la pareja, vestidos como para casarse, derretidas, sonriendo, con un tono verdoso. También canciones.


   Los cuadros representaban la culminación de la vida amorosa, el último punto de la última etapa de una pareja como entidad, como concepto: la cima de una relación. "A más no se puede llegar". Representaban el fin del cortejo, de la fase del enamoramiento y, por consiguiente, la muerte inmediata e incinerada del verdadero sentido de “amarse”, o sea, todo lo anterior a ese punto. Pero también representaban, de alguna manera y de forma más abstracta (según él), el súbito y esperanzador nacimiento de entre todas esas cenizas del más básico sentido de vivir: no morir solo.