Un señor de a lo mejor setenta años, vestido como un señor de setenta años pero con la cara manchada de azul turquese, frente a un escaparate de una tienda de juguetes. Centra toda su atención en un precioso tren en marcha con sus raíles, sus bosques y sus ríos falsos y sus cosas. Melancólico, mordiéndose el labio. Cada tanto alarga la mano para tocar el tren pero se choca fuertemente contra el cristal.
—La obviedad es tan dura. Literalmente.
Viene una señora de cuarenta máximo.
—Sangra.
—Si me ve entusiasmado es porque lo estoy. Fuérase.
—Toda esa sangre del suelo es suya —señala la sangre—. Si no quiere que llame a emergencias o a otro sitio, le recomiendo que pare inmediatamente.
—Pero ese tren tiene que ser mío.
—¡Puede serlo! Pero debe obtenerlo por las vías lógicas.
—Señorita... ¡yo soy cuantístico! —apretando los dientes y el alma— No me sirve la lógica.
—Demuestra tozudez.
—Estoy sintiéndome mareado.
—Normal.
13 dic 2013
20 nov 2013
2 nov 2013
No.
Si te llamases Mónica y tuvieras 28 años y pasearas por Ninguna Plaza de la Ciudad Dos, de 14:33 a 14:33, con una jirafa de peluche en la mano llena de acuarela verde reseca, (y trabajases siendo maestra de infantil de guardería lejana) apellidándote Sandino, por casualidad, no podrías ser la protagonista de este relato porque la susodicha en cuestión ni siquiera se llama Mónica. Lo siento.
19 sept 2013
Racismo en el 3019
Dos desconocidas en el bus. Una es blanca y otra es verde.
—Hola, soy verde.
—Ya veo.
—Verde real y densa. ¡Toque! —coge la mano mano de la señora y la pone en su cara— No me tenga miedo.
—Sí sí, bastante densa —la aparta.
—¿Pero no tiene usted curiosidad, por el amor de Dios? —violentándose, apretando los dientes.
—¿Curiosidad por qué?
—Por lo de verde.
—Un poquito sí.
—Mejor.
Silencio largo.
—Tranquila.
—Hola otra vez. Lo estoy.
—Pues no lo estará tanto cuando se pasa el trayecto frunciendo el ceño.
—No lo frunco.
—¡Eso no significa nada! ¿Ve? Al ser yo verde y no blanca estoy más preparada que usted.
—
31 ago 2013
Doña Tuitar
— Disculpe, ¿le importa si interactúo con usted?
— ¿Qué?
— Muy poco tiempo. Un poquito solo. Un rato.
— Pero es que no entiendo. Y llevo algo de prisa.
— ¿Si le sigo, le molesta? ¿Eh? ¿Le molesta si le sigo? Seguirle.
— En serio, señora, no estoy para bromas y voy a llegar tarde.
— ¿Y si le menciono el pene? ¿Eh? —el señor se va— ¡Oiga! Su pene.
— ¿Qué?
— Muy poco tiempo. Un poquito solo. Un rato.
— Pero es que no entiendo. Y llevo algo de prisa.
— ¿Si le sigo, le molesta? ¿Eh? ¿Le molesta si le sigo? Seguirle.
— En serio, señora, no estoy para bromas y voy a llegar tarde.
— ¿Y si le menciono el pene? ¿Eh? —el señor se va— ¡Oiga! Su pene.
20 jul 2013
Casi restaurante
La mayoría de despropósitos
culinarios y físicos que habrían tenido lugar en las teóricas seis
horas y media de apertura nocturna del Orégano Fatal, aparte de no tener
explicación ni medio lógica (paredes blandas o translúcidas,
cocciones imposibles de cinco segundos, puerro shiny), nadie nunca
habría sido capaz siquiera de percatarse ya que esa noche no abrieron porque, además de ser día festivo, el restaurante no existe.
16 jun 2013
4 días son demasiados ya
Una joven vestida de novia, muy sucia, mucho barro en la cara y velo, muy joven, en la parada del autobús, sentada. Rimmel corrido bajo los ojos. Vienen dos ancianas idénticas y muy delgadas con la peluca rosa que se pone Scarlett Johansson en Lost in translation, agarradas del brazo. Un body de lycra con un estampado de jirafa. Las dos. Están dando la grima.
— Disculpe, ¿lleva usted mucho rato casada ya?
— Es que resulta que estamos aburridas y no nos vendría nada mal un poco de cachondeo, la verdad.
— Unas risas.
— Unas risas pero unas gambas también —le tira del velo muy brusca mientras baila—. ¿Y el convite dónde se celebra? —Le tira otra vez— Joven. Me oye.
— No sabría decirles cuánto tiempo llevo casada, señoras. Ni siquiera sabría decirles si ha tenido lugar todavía la ceremonia. Estoy tan confusa...
— Yo diría que lleva confusa más de un día y más de dos... —le toca la frente— Tiene usted pinta de estar necesitando ahora mismo una ducha prolongada con diversos y perfumados jabones.
— Patro, calle. Le sienta bien el vestido y ya está. La ducha que se la dé cuando a ella le venga bien.
— Pues me vendría bastante bien ahora— interés—. Llevo dando vueltas más de tres días buscando el ayuntamiento. Ojalá la vida me trate bien desde este momento. Desfortunio. Y hambre.
— ¿Pero el novio existe? O está usted loca y ya está.
— Patro, las formas —codazo—.
— Las formos.
— Yo no recuerdo nada, como les estoy diciendo. ¡Ojalá exista! Y ojalá sea muy paciente también. Porque tres días están bien para esperar. Bastante bien.
— Disculpe, ¿lleva usted mucho rato casada ya?
— Es que resulta que estamos aburridas y no nos vendría nada mal un poco de cachondeo, la verdad.
— Unas risas.
— Unas risas pero unas gambas también —le tira del velo muy brusca mientras baila—. ¿Y el convite dónde se celebra? —Le tira otra vez— Joven. Me oye.
— No sabría decirles cuánto tiempo llevo casada, señoras. Ni siquiera sabría decirles si ha tenido lugar todavía la ceremonia. Estoy tan confusa...
— Yo diría que lleva confusa más de un día y más de dos... —le toca la frente— Tiene usted pinta de estar necesitando ahora mismo una ducha prolongada con diversos y perfumados jabones.
— Patro, calle. Le sienta bien el vestido y ya está. La ducha que se la dé cuando a ella le venga bien.
— Pues me vendría bastante bien ahora— interés—. Llevo dando vueltas más de tres días buscando el ayuntamiento. Ojalá la vida me trate bien desde este momento. Desfortunio. Y hambre.
— ¿Pero el novio existe? O está usted loca y ya está.
— Patro, las formas —codazo—.
— Las formos.
— Yo no recuerdo nada, como les estoy diciendo. ¡Ojalá exista! Y ojalá sea muy paciente también. Porque tres días están bien para esperar. Bastante bien.
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