12 abr 2013

Se parece usted a quien yo quiera.

   Una mujer blanca en cuclillas, regando con una jarra de cristal un trozo de acera frente a la puerta de su casa. Otra señora se para frente a ella con un pastor alemán rojo.

— Hola, ¿eres mi amiga Petricia?—La del perro.

— No, pero podría serlo —se incorpora con la jarra en la mano—. Le explico. Me confunden con muchas personas y todas de muy diferente apariencia las unas de las otras. ¡Incluso el género!
— ¡¿Incluso el género?!
— ¡Incluído el género, sí! Mire, el martes, por ejemplo, estaba aquí haciendo lo que estoy haciendo ahora, nada, y vino un chiquillo a preguntarme que si era yo Mario Casas.
— ¿Y qué le dijo? Es gracioso porque iba a preguntarle algo parecido... —rubor.
— Le dije que no pero le podría haber dicho cualquier cosa que se lo creería, ¡estaba tan y tan asombrado con mi parecido con el actor! Podría ser yo tantas personas...
— Y que lo diga :-).
— ;-).

La de la jarra vuelve a ponerse de cuclillas para volver a mojar el suelo. La del perro se queda mirándola, mientras sonríe pícara, y termina poniendo un gesto de sorpresa.


— Perdone, ¿es usted Whitney Houston?

— ¡¡La misma!! —Se vuelve a levantar— Me alegro tanto de que me haya reconocido.
— Pensaba que había muerto... por lo de que sale en las noticias que está usted muerta y todo eso...
— La droga es mala pero la televisión lo es más. No se crea nada de lo que dicen por ahí.
— Nunca perdí la fe en que estuviera viva ;-).
— :-D.

13 mar 2013

Ajetreo

— Tiene usted un día bastante ajetreado, ¿no es así, doctor?
— Doctar.

— Doctar.

17 feb 2013

Cariño, hay un foquista viviendo debajo de la cama


 La pareja susurra extremadamente bajo en la madrugada, en su habitación.

– Cariño, te podré escuchar cuando te relajes.
– Pero que ya estoy relajada.
– Pues no, no estás relajada porque dices muchas tonterías y todas juntas.
– Pero que yo no estoy loca. Escúchame...
– Es muy tarde... y tienes sueño. ¡Y has cenado fuerte! Y se te ha mezclado todo eso con lo de la entrevista de mañana, encima... –beso en la frente– Descansa, cariño. Te quiero.
– Como a las locas. Lo que yo te diga.
– A ver, Elena, cariño, son las putas cuatro menos cuarto de la mañana, y yo zombie, y tú sin pegar ojo desde hace cuántas noches, ¿cuatro? –Le da la espalda a ella– Que son sueños, cariño, no sé cómo tengo que ponerme ya. Es serio ya esto, ¿eh?
– Sueños, claro. Por eso estás susurrando tú también, ¿no? Por eso, será por eso: porque son sueños. Sueños míos, sueños de loca. Por eso susurras.

   Él levanta la voz en la primera frase.

– ¿SUSURRAR? A VER, SUSURRO PORQUE ES TARDE, ¿NO? Elena, no quiero ponerme borde pero por favor, quedan cuatro horas y poco para que suene el despertador, cariño... y yo NECESITO dormir, –se gira a abrazarla y tocarle el pelo. Ella, ojiplática– ¡y lo que más me duele de esto es que tú también! Y hoy tú más que yo... Y que me hayas dicho ya son cuatro noches que llevas sin dormir, pero a saber cuántas son realmente pero no me lo dices por miedo a qué se yo. Estás tonta.
– Pues ahora que sacas el tema llevo un año durmiendo fatal. Pero es que últimamente ya ni puedo.
– ¿Ves? –Deja de abrazarla– ¿Y la confianza? Joder, Elena. Qué es lo que te pasa.
– No sé cómo decírtelo... pero es que no soy yo, Edu.
– Los fantasmas esos de tus sueños, ¿no?
– No, si fantasmas no son porque vivos, están. Los he visto, amor, y no estoy loca. Pero es que por la noche hacen más ruido...
– ¿Y por qué no he visto yo na puta mierda? Piénsalo bien.
– Mira, mira a la ventana ahora mismo –susurra mucho más bajito–.
– Qué dices -gira la cabeza para mirar allí-.
– Corre, mira. Fíjate bien en la parte izquierda de la cortina...
– No veo una mierda, enciende la luz.
– ¡No! No la voy a encender, Edu, porque se van, seguro. Fíjate bien, por favor. En la izquierda... entorna los ojos...
– No voy a ver nada.

   Él pega un brinco y se gira a abrazar fuerte a su novia con los ojos como platos. En la ventana vemos la perfecta silueta de un sonidista con gorra, mascando chicle y direccionando una pértiga con un micro a un metro y medio encima de sus cabezas.

– Amor, vámonos de aquí.
– ¿Lo has visto o no?
– Me he meado.
– Ya huelo. La otra noche te juro que vi a un cámara saliendo del baño... pero no te iba a decir nada, porque claro, “estoy loca”.

21 ene 2013

Lo de la pared


   Digamos que Srannsksdsnj estaba siendo consciente, incluso en ese momento y sin quererlo, de que su él mismo se encontraba abandonando lo físico: lo de sus piernas, pecho y cintura y todo eso. Vamos, que lo estaba notando pero que no podía hacer nada al respecto. Tanto esfuerzo en vano hacía por intentar entumecer el músculo y mover alguna parte de su cuerpo que oía su propia respiración como para toda la casa, como si sonara desde los altavoces. Del esfuerzo, vaya. Se daba miedo a él mismo. Después del silencio en la madrugada, lo de su voz gimiendo muy fuerte.
   Tras justos dos minutos y trece segundos que a él le parecieron dos horas (más o menos) consiguió mover el meñique del pie derecho pero no lo notó. Celebró algo en su mente, creyó sonreír pero era mentira. O sea, era verdad que movió el meñique pero que no se dio cuenta.
   De la pared izquierda de su habitación, por la que de repente corría una brisa así como salada de mar de origen físicamente inexplicable surgió, a las 3:33 de la mañana, para la sorpresa de Srannsksdsnj y los peluches sin ojos que había en el estante a noventa centímetros sobre su cabeza. Sentía ahora frío, el pobre, (porque pobrecito, ¿no? Encima de todo lo que tenía encima con la parálisis esa rara). Lo único que consiguió y desacertadamente fue girar la cabeza hacia su izquierda, de donde provenía el frío, y abrir los ojos. “El puto combo de la mala suerte”, pero él de momento no sabía eso.
   De esa pared seguía saliendo el frío raro y salado, pero ahora, en la oscuridad, también empezaba a expandirse como una mancha oscura desde una foto familiar pegada en el centro con una chincheta verde. “Estoy soñando, segurísima”, intentaba pensar Srannsksdsnj, pero mal, (por lo de cambiar el género) y del miedo que tenía ni podía hacerlo. Sentía la parte de arriba de su cabeza como congelada.
   La mancha negra (porque ahora era negra y no solo oscura) se iba haciendo más larga pero no más ancha. Adquirió el tamaño justo de una persona de tamaño medio, como de caber perfectamente en la habitación; pues así. La parálisis rara del niño no le dejaba cerrar los ojos “y seguir durmienda, cojones”, como deseaba. Se tenía que tragar toda la movida, fuera eso lo que fuera, con lo poco que le gustaba a él la playa. Oía ahora un pitido muy agudo. “Vayia puto paranollia”, intentaba pensar.
   Ya emergía un hombre boca abajo de la mancha, a cinco centímetros del suelo, con un sombrero de copa con el ala muy larga y vestido con un body de lycra blanco (que él veía gris claro, porque la habitación estaba casi en penumbra), muy ceñido. Tenía una máscara como de porcelana, verde fluorescente muy, muy brillante y sonriente. Brillaba en la oscuridad con una intensidad bastante dolorosa a la vista, muy poco natural (normal, joder: es un hombre saliendo de la pared, qué esperas de natural ahí). Un peluche de los que estaban sobre su cabeza, que él no veía, cuando lo del hombre, empezó a girarse poco a poco hasta 163,46º desde su propio eje Y, dándole la espalda a la pared de la izquierda. Era como si también le diera miedo.
   El niño notaba su corazón latiendo tan rápido sobre su pecho que pensaba que iba a morir ahí mismo. De las ansias y respirar tan fuerte consiguió mover solo dos milímetros la cabeza hacia la dirección del techo, para intentar no ver eso. Pero nada.
   Mientras Eso avanzaba muy lentamente hacia él (por lo menos quedaba un metro y medio hasta alcanzar la cama) empezó a sonar el quinto nocturno de Chopin como con reverb de iglesia muy grande, que parecía provenir de una mota de polvo pegada a la base de la pata más lejana de la cama, la que menos tenía que ver con todo eso: pues de ahí. Sonaba muy fuerte. “?Por quá no see entera mi madre? Yme desspierta, joder” Después de ese fallido pensamiento consiguió cerrar los ojos. “Biva”. Pero eso seguía sonando y ahora tenía más miedo si cabe, ya que no veía lo que pasaba o no pasaba.
   Al minuto, notó en toda la nariz una caricia muy fría con olor a playa como de un pie. Pensaba que se le iba a ir la vida en ese momento por la boca, de tan fuerte que estaba respirando.
   A los tres segundos justos consiguió abrir los ojos y ya no había nada y encima era de día ya. Creyó haber muerto, pero se estaba relajando poco a poco. Ya no sonaba nada más de Chopin ahí ni nada. Se desperezó muy fuerte. "¡Qué intenso!", pensó a los veinte minutos.

18 dic 2012

Llorar

Joven y bruja con linterna, en la noche y abrigadas, entrando en el parlamento abandonado.

— ¿De verdad es usted consciente del peligro que corremos entrando en Lugar Abandonado 1 a esta hora? Y sin permisos.
— Soy muy consciente. Más de lo que debería.
— Lo intuyo en su hablar. Rezuma cobardía por sus jóvenes poros: no engaña a nadie.

Las dos dentro, en la oscuridad.


— Dígame: ¿cree usted en los fantasmas, Joven 1?
— Creo más en los marcianos y en el paro. Pero le tengo a todo más o menos el mismo respeto.
— Que es ninguno, imagino, ¿cómo puede orinarse en este sitio lleno de almas en pena atrapadas? Huele desde aquí.
— Estoy orinada.
— No lo jure.
— Lo siento. Es que está muy oscuro y con esa linterna solo enfoca a las zonas que yo considero terroríficas.
— ¿Se refiere por ejemplo a esa mecedora del siglo XVI con esa casual Ana Botella en pena, desnuda, meciéndose sobre ella?
— ¡¡Aah!! —orín—. Apáguela.
— En la oscuridad habita la terror.
— ¡Pues enfoque al suelo!
— Es que el suelo es de cobardes.
— ¡¡Me voy por la puerta!!
— Mejor.

16 oct 2012

Zoológica

Señora disfrazada de Batman y otra vestida normal.

— María Jesús, ¿pretendía ser graciosa? Dígame.
— ¿Y Robin? –risas– No, no sé de qué me habla, vecina, lo siento.
— Baje el tono y el sarcasmo.
— Los tengo ya bajos, desde luego más que su arrogancia.
— Pues los baja más, no vaya a ser que me vuelva yo aquí loca y pague usted la consecuencia.
— Está ya loca de antes, vecina. Y dígame ya qué le pica, que llevo un poco de prisa.
— No se haga la pánfila —atenazándole el brazo y enseñándole un trozo de cartón atado a una cuerda—. Sé que en algún momento de la mañana ha cogido mi iPad y ha borrado todas las películas que había. A maldad. 
— Está usted muy sola, Josefina, sin hobbies ni nietos que la entretengan. Es muy normal que le de tiempo a inventarse esa cosa y mil más. Y si por usted fuera yo sería la responsable de la mayoría de sus males. Aparte, eso no es un iPad, es un cartón.
— Yo tengo lo que yo quiera. Y usted es Hitler –la deja ir–.
— Vale –yéndose–. ¡La cita con su psiquiatra es a las cuatro de esta tarde! Recuérdelo. Un saludo.
— ¡No invente tanto y tenga cuidado al salir! Antes me atacó una cebra.

19 sept 2012

Habilidades.

Señora enjoyada y apestando a laca Nelly baja por las escaleras de su piso. En el zaguán y frente a la puerta que da a la calle se encuentra, fregona en mano, a su peor enemiga. Se para.

– Claudia.
– Hola.
– Quiero pasar.
– Está mojado.
– Ya veo.

Relativo silencio. Suenan abalorios de plástico rozándose entre sí.

– Es que estoy limpiando, por si no lo ves.
– Lo veo, te digo. Sé ver.
– Eso es fascinante.

Silencio total. La que limpia crea una península de suelo seco por la que salir, y sale.

– Eres muy hábil con el mocho. Tanto incluso como con los chismorreos.
– Lo sé.
– Has estado practicando todos estos años. Se nota –intenciones–. Eres brava.
– Me vas a contar lo de Pepe –con la fregona amenaza con mojar el trozo de suelo seco–. Hace mucho que no sé de él y huele a cadáver desde aquí.
– En otro momento –pega un carrerón hacia la puerta pero la otra moja el suelo. Ambas quedan atrapadas–.
– Me lo vas a tener que contar, María Jesús. No tienes escapatoria.
– Voy a subir porque me he dejado de casualidad el gas abierto –empieza a subir casi corriendo–.
– ¡Algún día descubriremos qué has hecho con tu marido! ¿Me oyes? ¡Pronto!