19 may 2013

52''

   La niña llevaba ya casi dos horas dormida pero dejó de dormir y ahora está despierta y con la garganta seca, mirando al techo sin ver nada. Coincidió la hora en que se levantara de la cama, en el preciso momento en el que plantara su pie descalzo en el suelo, en hora, minutos y segundos, con las veces que ya había hecho ese gesto en esa habitación y con ese colchón: 00:12:22; mil doscientas veintidos veces. Nunca jamás iba a pasar esto en esa casa con ninguna otra persona ya que en tres años, cinco meses y dos días se mudarían (todavía no lo saben) a otro sitio y con otros colchones y somieres. Intuyó algo loco, por un momento, al plantar ya el segundo pie. Algo especial estaba ocurriendo en su cara pero no sabía expresar con palabras lo que sintió al llegar a la cocina: abrió el grifo y ya no era más una niña. Maduró, de golpe y porrazo. Llenó el vaso, bebió el agua y se convirtió en mujer.
   Este mágico e inexplicable suceso, por desgracia o porque sí, solo lo pudo saber la sábana bajera cuando volvió a colocarse sobre ella, a las 00:13:14. La ya-no-niña se quedaría con la duda pero ahora que no tiene la garganta seca ya puede seguir durmiendo tranquila. 

8 may 2013

Tres días son mucho tiempo

   Un señor lleno de barro y con las ropas rasgadas en una tienda de aparatos electrónicos.

— Hola, soy Tomás Falsas.

— Y qué desea.
Pues verá, llevo casi tres días intentando entrar pero se me hizo prácticamente imposible y si no fuera por ese señor de ahí creo que ni siquiera estaría aquí ahora hablando con usted —señala a un señor—. Deberían facilitar una mejor entrada a su tienda si de verdad quieren clientes asíduos... como yo. Yo creo que sería un buen cliente si supiera cómo entrar. Venden cosas fascinantes. Como ese cable —señala un cable—.
— Pero hay solo una puerta como puede ver... con la que solo tirando de ella puede acceder al interior. Ahora dígame qué desea.
Eso. Vengo a poner una reclamación sobre la pésima accesibilidad a su tienda. Solo eso.
— Intentaremos pensar en qué podríamos hacer para mejorarla. Pero ahora dígame, por favor, qué es lo que quiere, ya que hay una larga cola de gente detrás de usted.
Le estoy diciendo que he venido solo a quejarme de que me ha costado la misma vida venir. Lo he pasado realmente mal.

12 abr 2013

Se parece usted a quien yo quiera.

   Una mujer blanca en cuclillas, regando con una jarra de cristal un trozo de acera frente a la puerta de su casa. Otra señora se para frente a ella con un pastor alemán rojo.

Hola, ¿eres mi amiga Petricia?—La del perro.

— No, pero podría serlo —se incorpora con la jarra en la mano—. Le explico. Me confunden con muchas personas y todas de muy diferente apariencia las unas de las otras. ¡Incluso el género!
¡¿Incluso el género?!
— ¡Incluído el género, sí! Mire, el martes, por ejemplo, estaba aquí haciendo lo que estoy haciendo ahora, nada, y vino un chiquillo a preguntarme que si era yo Mario Casas.
¿Y qué le dijo? Es gracioso porque iba a preguntarle algo parecido... —rubor.
— Le dije que no pero le podría haber dicho cualquier cosa que se lo creería, ¡estaba tan y tan asombrado con mi parecido con el actor! Podría ser yo tantas personas...
Y que lo diga :-).
— ;-).

La de la jarra vuelve a ponerse de cuclillas para volver a mojar el suelo. La del perro se queda mirándola, mientras sonríe pícara, y termina poniendo un gesto de sorpresa.


Perdone, ¿es usted Whitney Houston?

— ¡¡La misma!! —Se vuelve a levantar— Me alegro tanto de que me haya reconocido.
Pensaba que había muerto... por lo de que sale en las noticias que está usted muerta y todo eso...
— La droga es mala pero la televisión lo es más. No se crea nada de lo que dicen por ahí.
Nunca perdí la fe en que estuviera viva ;-).
— :-D.

13 mar 2013

Ajetreo

— Tiene usted un día bastante ajetreado, ¿no es así, doctor?
Doctar.

— Doctar.

17 feb 2013

Cariño, hay un foquista viviendo debajo de la cama


 La pareja susurra extremadamente bajo en la madrugada, en su habitación.

– Cariño, te podré escuchar cuando te relajes.
– Pero que ya estoy relajada.
– Pues no, no estás relajada porque dices muchas tonterías y todas juntas.
– Pero que yo no estoy loca. Escúchame...
– Es muy tarde... y tienes sueño. ¡Y has cenado fuerte! Y se te ha mezclado todo eso con lo de la entrevista de mañana, encima... –beso en la frente– Descansa, cariño. Te quiero.
– Como a las locas. Lo que yo te diga.
– A ver, Elena, cariño, son las putas cuatro menos cuarto de la mañana, y yo zombie, y tú sin pegar ojo desde hace cuántas noches, ¿cuatro? –Le da la espalda a ella– Que son sueños, cariño, no sé cómo tengo que ponerme ya. Es serio ya esto, ¿eh?
– Sueños, claro. Por eso estás susurrando tú también, ¿no? Por eso, será por eso: porque son sueños. Sueños míos, sueños de loca. Por eso susurras.

   Él levanta la voz en la primera frase.

– ¿SUSURRAR? A VER, SUSURRO PORQUE ES TARDE, ¿NO? Elena, no quiero ponerme borde pero por favor, quedan cuatro horas y poco para que suene el despertador, cariño... y yo NECESITO dormir, –se gira a abrazarla y tocarle el pelo. Ella, ojiplática– ¡y lo que más me duele de esto es que tú también! Y hoy tú más que yo... Y que me hayas dicho ya son cuatro noches que llevas sin dormir, pero a saber cuántas son realmente pero no me lo dices por miedo a qué se yo. Estás tonta.
– Pues ahora que sacas el tema llevo un año durmiendo fatal. Pero es que últimamente ya ni puedo.
– ¿Ves? –Deja de abrazarla– ¿Y la confianza? Joder, Elena. Qué es lo que te pasa.
– No sé cómo decírtelo... pero es que no soy yo, Edu.
– Los fantasmas esos de tus sueños, ¿no?
– No, si fantasmas no son porque vivos, están. Los he visto, amor, y no estoy loca. Pero es que por la noche hacen más ruido...
– ¿Y por qué no he visto yo na puta mierda? Piénsalo bien.
– Mira, mira a la ventana ahora mismo susurra mucho más bajito.
– Qué dices -gira la cabeza para mirar allí-.
– Corre, mira. Fíjate bien en la parte izquierda de la cortina...
– No veo una mierda, enciende la luz.
– ¡No! No la voy a encender, Edu, porque se van, seguro. Fíjate bien, por favor. En la izquierda... entorna los ojos...
– No voy a ver nada.

   Él pega un brinco y se gira a abrazar fuerte a su novia con los ojos como platos. En la ventana vemos la perfecta silueta de un sonidista con gorra, mascando chicle y direccionando una pértiga con un micro a un metro y medio encima de sus cabezas.

– Amor, vámonos de aquí.
– ¿Lo has visto o no?
– Me he meado.
– Ya huelo. La otra noche te juro que vi a un cámara saliendo del baño... pero no te iba a decir nada, porque claro, “estoy loca”.

21 ene 2013

Lo de la pared


   Digamos que Srannsksdsnj estaba siendo consciente, incluso en ese momento y sin quererlo, de que su él mismo se encontraba abandonando lo físico: lo de sus piernas, pecho y cintura y todo eso. Vamos, que lo estaba notando pero que no podía hacer nada al respecto. Tanto esfuerzo en vano hacía por intentar entumecer el músculo y mover alguna parte de su cuerpo que oía su propia respiración como para toda la casa, como si sonara desde los altavoces. Del esfuerzo, vaya. Se daba miedo a él mismo. Después del silencio en la madrugada, lo de su voz gimiendo muy fuerte.
   Tras justos dos minutos y trece segundos que a él le parecieron dos horas (más o menos) consiguió mover el meñique del pie derecho pero no lo notó. Celebró algo en su mente, creyó sonreír pero era mentira. O sea, era verdad que movió el meñique pero que no se dio cuenta.
   De la pared izquierda de su habitación, por la que de repente corría una brisa así como salada de mar de origen físicamente inexplicable surgió, a las 3:33 de la mañana, para la sorpresa de Srannsksdsnj y los peluches sin ojos que había en el estante a noventa centímetros sobre su cabeza. Sentía ahora frío, el pobre, (porque pobrecito, ¿no? Encima de todo lo que tenía encima con la parálisis esa rara). Lo único que consiguió y desacertadamente fue girar la cabeza hacia su izquierda, de donde provenía el frío, y abrir los ojos. “El puto combo de la mala suerte”, pero él de momento no sabía eso.
   De esa pared seguía saliendo el frío raro y salado, pero ahora, en la oscuridad, también empezaba a expandirse como una mancha oscura desde una foto familiar pegada en el centro con una chincheta verde. “Estoy soñando, segurísima”, intentaba pensar Srannsksdsnj, pero mal, (por lo de cambiar el género) y del miedo que tenía ni podía hacerlo. Sentía la parte de arriba de su cabeza como congelada.
   La mancha negra (porque ahora era negra y no solo oscura) se iba haciendo más larga pero no más ancha. Adquirió el tamaño justo de una persona de tamaño medio, como de caber perfectamente en la habitación; pues así. La parálisis rara del niño no le dejaba cerrar los ojos “y seguir durmienda, cojones”, como deseaba. Se tenía que tragar toda la movida, fuera eso lo que fuera, con lo poco que le gustaba a él la playa. Oía ahora un pitido muy agudo. “Vayia puto paranollia”, intentaba pensar.
   Ya emergía un hombre boca abajo de la mancha, a cinco centímetros del suelo, con un sombrero de copa con el ala muy larga y vestido con un body de lycra blanco (que él veía gris claro, porque la habitación estaba casi en penumbra), muy ceñido. Tenía una máscara como de porcelana, verde fluorescente muy, muy brillante y sonriente. Brillaba en la oscuridad con una intensidad bastante dolorosa a la vista, muy poco natural (normal, joder: es un hombre saliendo de la pared, qué esperas de natural ahí). Un peluche de los que estaban sobre su cabeza, que él no veía, cuando lo del hombre, empezó a girarse poco a poco hasta 163,46º desde su propio eje Y, dándole la espalda a la pared de la izquierda. Era como si también le diera miedo.
   El niño notaba su corazón latiendo tan rápido sobre su pecho que pensaba que iba a morir ahí mismo. De las ansias y respirar tan fuerte consiguió mover solo dos milímetros la cabeza hacia la dirección del techo, para intentar no ver eso. Pero nada.
   Mientras Eso avanzaba muy lentamente hacia él (por lo menos quedaba un metro y medio hasta alcanzar la cama) empezó a sonar el quinto nocturno de Chopin como con reverb de iglesia muy grande, que parecía provenir de una mota de polvo pegada a la base de la pata más lejana de la cama, la que menos tenía que ver con todo eso: pues de ahí. Sonaba muy fuerte. “?Por quá no see entera mi madre? Yme desspierta, joder” Después de ese fallido pensamiento consiguió cerrar los ojos. “Biva”. Pero eso seguía sonando y ahora tenía más miedo si cabe, ya que no veía lo que pasaba o no pasaba.
   Al minuto, notó en toda la nariz una caricia muy fría con olor a playa como de un pie. Pensaba que se le iba a ir la vida en ese momento por la boca, de tan fuerte que estaba respirando.
   A los tres segundos justos consiguió abrir los ojos y ya no había nada y encima era de día ya. Creyó haber muerto, pero se estaba relajando poco a poco. Ya no sonaba nada más de Chopin ahí ni nada. Se desperezó muy fuerte. "¡Qué intenso!", pensó a los veinte minutos.

18 dic 2012

Llorar

Joven y bruja con linterna, en la noche y abrigadas, entrando en el parlamento abandonado.

 ¿De verdad es usted consciente del peligro que corremos entrando en Lugar Abandonado 1 a esta hora? Y sin permisos.
 Soy muy consciente. Más de lo que debería.
 Lo intuyo en su hablar. Rezuma cobardía por sus jóvenes poros: no engaña a nadie.

Las dos dentro, en la oscuridad.


 Dígame: ¿cree usted en los fantasmas, Joven 1?
 Creo más en los marcianos y en el paro. Pero le tengo a todo más o menos el mismo respeto.
 Que es ninguno, imagino, ¿cómo puede orinarse en este sitio lleno de almas en pena atrapadas? Huele desde aquí.
 Estoy orinada.
 No lo jure.
 Lo siento. Es que está muy oscuro y con esa linterna solo enfoca a las zonas que yo considero terroríficas.
 ¿Se refiere por ejemplo a esa mecedora del siglo XVI con esa casual Ana Botella en pena, desnuda, meciéndose sobre ella?
 ¡¡Aah!! orín—. Apáguela.
— En la oscuridad habita la terror.
 ¡Pues enfoque al suelo!
 Es que el suelo es de cobardes.
 ¡¡Me voy por la puerta!!
 Mejor.