15 nov 2014

Estrategias de ventas

— ¡Hoy hace un viento absurdo, ¿no cree?! —rocía con un spray específico la cara de otra señora—.
Quién eres y por qué.
—Tome mi tarjeta —alarga la tarjeta pero no la mano—. Mi nombre es Arcadia Tenaz y vendo enciclopedias o lo que usted quiera que yo venda.
Pues no la voy a engañar, por lo que sea quiero todo lo que usted quiera venderme ahora mismo —en lugar de pupilas tiene como unas espirales que giran muy mal, hechas como con PAINTS—.
— Para venderle objetos necesito un adelanto, aquí y ahora, de mil euros. O la cifra que usted considere oportuna. En fin, todo lo que usted lleve encima mejor.
¡Es usted una pródiga, si significase algo! —le da cinco billetes de siete mil euros—. No tengo más aquí suelto, me desplace. Ahora demando mis ítems.
— Soy la diosa de las ventas. Mi nombre es Arcadia Fatal. Tome —le da otra vez su tarjeta y unas canicas—.
Necesitaba esto, no necesitaba Otra Cosa. Un beso y un saludo.

4 may 2014

Estival

Una señora que se ve que no está bien de la cabeza, vestida solo con un pareo y unas gafas de sol enormes, sentada enfrente de otra en el metro.

¡¡Soy estival!! –zarandeo
– No la he preguntado yo nada.
Peor. Pregúntemelo.
– ¿Qué es usted?
Capricornio. ¡Y estiva! Y un poco pirómana también. Secretito.
– No lo habría imaginado –mirando las cerillas o la gasolina.
Me gustan los fuegos más que Otra Cosa, en realidad. Si tuviera que elegir estival o pirómana, elegiría PIRÓMANA.
– Ya veo.
Soy piromanísima.

13 dic 2013

Cristal poco atravesable

Un señor de a lo mejor setenta años, vestido como un señor de setenta años pero con la cara manchada de azul turquese, frente a un escaparate de una tienda de juguetes. Centra toda su atención en un precioso tren en marcha con sus raíles, sus bosques y sus ríos falsos y sus cosas. Melancólico, mordiéndose el labio. Cada tanto alarga la mano para tocar el tren pero se choca fuertemente contra el cristal.

—La obviedad es tan dura. Literalmente.

Viene una señora de cuarenta máximo.

—Sangra.
—Si me ve entusiasmado es porque lo estoy. Fuérase.
—Toda esa sangre del suelo es suya —señala la sangre—. Si no quiere que llame a emergencias o a otro sitio, le recomiendo que pare inmediatamente.
—Pero ese tren tiene que ser mío.
—¡Puede serlo! Pero debe obtenerlo por las vías lógicas.
—Señorita... ¡yo soy cuantístico! —apretando los dientes y el alma— No me sirve la lógica.
—Demuestra tozudez.
—Estoy sintiéndome mareado.
—Normal.

2 nov 2013

No.

Si te llamases Mónica y tuvieras 28 años y pasearas por Ninguna Plaza de la Ciudad Dos, de 14:33 a 14:33, con una jirafa de peluche en la mano llena de acuarela verde reseca, (y trabajases siendo maestra de infantil de guardería lejana) apellidándote Sandino, por casualidad, no podrías ser la protagonista de este relato porque la susodicha en cuestión ni siquiera se llama Mónica. Lo siento.

19 sept 2013

Racismo en el 3019


Dos desconocidas en el bus. Una es blanca y otra es verde.

Hola, soy verde.
—Ya veo.
Verde real y densa. ¡Toque! —coge la mano mano de la señora y la pone en su cara
— No me tenga miedo.
—Sí sí, bastante densa —la aparta.
¿Pero no tiene usted curiosidad, por el amor de Dios? —violentándose, apretando los dientes.
—¿Curiosidad por qué?
Por lo de verde.
—Un poquito sí.
Mejor.

Silencio largo.

Tranquila.
—Hola otra vez. Lo estoy.
Pues no lo estará tanto cuando se pasa el trayecto frunciendo el ceño.
—No lo frunco.
¡Eso no significa nada! ¿Ve? Al ser yo verde y no blanca estoy más preparada que usted.

31 ago 2013

Doña Tuitar

Disculpe, ¿le importa si interactúo con usted?
— ¿Qué?
Muy poco tiempo. Un poquito solo. Un rato.
— Pero es que no entiendo. Y llevo algo de prisa.
¿Si le sigo, le molesta? ¿Eh? ¿Le molesta si le sigo? Seguirle.
— En serio, señora, no estoy para bromas y voy a llegar tarde.
¿Y si le menciono el pene? ¿Eh? —el señor se va— ¡Oiga! Su pene.