11 abr 2012

Peajes.

   Señora disfrazada de gorila con bolsa de Decathlon, subiéndose al 29.

- Perdone, ¿esto para en Europa del este?

   El autobusero ríe.

- ¿Me vacila? ¿Me podría avisar cuando llegue a Polonia? Mi hijo vive allí ahora.
- ¿Polonia? Mira, mi autobús para en el Prado así que si quieres te aviso en San Bernardo y ya de ahí te coges el tren a donde quieras.
- Verá, no me ha entendido -saca un harpón cargado y le apunta a la rodilla-. Yo ahora voy a dormir mucho y me va a despertar conforme vayamos entrando en Polonia. No se preocupe por el importe de los peajes, los pagaré yo.

13 mar 2012

Primera sesión.

– Dígame qué le ocurre despacio y tranquila, pero ante todo intente comenzar por el principio, por favor, ¡si es que lo sabe con certeza!
– Es muy obvio que voy a empezar por el principio, ¿no?
– ¿Por qué obvia esto último, señorita?
– Hombre, no sé, teniendo en cuenta que las historias suelen empezar por el principio... pues lo he obviado porque era obvio. Yo.
– No siempre es así, ¿eh? No siempre. Además, en los casos de egocentrismo como el suyo, los pacientes vienen muy nerviosos y comenzando siempre por lo que mejor recuerdan. Y lo que mejor recuerdan no es siempre el principio, ¿me entiende?
– Usted mismo lo ha dicho: LOS PACIENTES vienen muy nerviosos, y yo no soy ninguna paciente. Yo estoy aquí obligada, yo he venido obligada a sentarme en este sofá con usted, obligada también. Obligada. Yo no soy ninguna loca. Yo. Además, así me ahorro dos horas de clase al día, ¿me ha entendido usted a mí ahora? A mi persona, a la mía –señalándose la sien–.
– Perfectamente –anotando–. No ha perdido todavía el habla. Razona por sí misma, aún.
– ¿Hola? Susurraba sus notas, lo he oído todo. Yo.
– No se preocupe, no es nada. Sin embargo yo sí que me preocupo. Me preocupo al pensar en que se siente usted obligada a venir aquí, pero se equivoca de cabo a rabo, señorita.
– Natalia.
– Natalia. Pues eso, que tanto es así que puede levantarse y abandonar la habitación cuando plazca. ¿Ahora mismo? Pues ahora mismo –con un mando a distancia hace aparecer pinchos y fuego de la puerta–.
– Policía.
– Policío.

25 feb 2012

Denuncias.

-Mire, Francisca, yo he venido en estas horas tan intempestivas de la madrugada...
- Son las cuatro y cuarto de la mañana, María Jesús... qué quiere.
- Eso, que solo venía a preguntarle que si tenía jarabe para la tos. Me ha dado un ataque, estoy malísima -finge toser dos veces pero no se lo cree ni ella-.
- Usted no está enferma, ¿se cree que nací ayer?
- ¿A qué se refiere, Paca, querida? Yo a usted le tengo respeto. Deme lo que sé que tiene en la cocina –la aparta y consigue entrar, pero la otra la frena. La drogadicta habla desde el suelo-.
- Está usted fuera de sí, le recomendaría que fuera a una clínica.
- A una clínico. ¡Jarabe, jarabe te digo! ¡Hija de puta! ¡Ah!
- Váyase a casa. Por su bien.

10 feb 2012

Mundo exterior.

- A la Susana lo que le pasa es que tiene más mundo interior que exterior. Por eso es que le cuesta relacionarse con la gente.
- ¿Qué pollas dices? A esa lo que le pasa es que está loca y ya está.

6 feb 2012

Buenas nuevas.

- Hoy se ha levantado de lo más leviatana, la veo más pilarbardemesca que nunca. Mire qué cara... -sujetándole la barbilla-.
- Suelte, que no estoy tan brava como cree -manotazo-. Espere que vaya al juicio a ver qué me cuentan y me volveré como dices. ¿Quiere garbanzos? Hoy se me apetecen garbanzos.
- A mí no. Y a ver si le traen buenas nuevas... que buena falta le hace.
- Buena falta, sí.

10 ene 2012

Megáfono

Una voz le vino como del lavadero, con mucho reverb.

- Señorita Loli, acuda urgentemente a donde yo quiera.
- ¿Qué broma es esta...? ¿Y esta megafonía? Mi casa no tiene megafonías.
- Ahora sí. Acuda urgentemente a... la cocina. Acuda a caja dos, mejor. Jajajajajajajajaja.
- Estoy acojonadísima.

4 ene 2012

Indignación.

– Como le decía, consiste en que usted perdería diez kilos en máximo media hora.
– Pues no le veo la lógica. Ni la gracia, vamos.
– Le aseguro que la tiene. La dieta está basada en una técnica revolucionaria maya, algo modificada, en la que gracias a la ayuda de sierras y dagas usted va a sentirse más ligera y en cosa de minutos. ¿Brazo o pierna?
– ¿Técnica revolucionaria? De qué –con despecio tira un jarrón de la mesa del despacho–. Me devuelve el todo dinero de la consulta. Estafa.
– Todavía no me ha pagado.
– Mejor.